Quiero decir que la S.A. es, en sí misma, una excelente vestidura jurídica, pero por sí sola y sin otras medidas adicionales es incapaz de solucionar definitivamente el endeudamiento de los clubes de fútbol. Si me lo permiten, es como esperar que alguien que no sepa nada de música pueda llegar a tocar un violín solamente por poner en sus manos un Stradivarius.
Por otra parte, tampoco puede olvidarse que la sociedad anónima no es solo una técnica de organización de personas y capital, sino también, y sobre todo, un vehículo de inversión, un instrumento de canalización del ahorro de los particulares hacia las empresas para obtener beneficios. Pues bien, aun contando con el optimismo que denotaba entonces nuestro legislador, yo creía, como luego sucedió, que las SAD no iban a tener mucho éxito entre los aficionados, porque no era realista pensar que estos iban a considerarlas como instrumentos idóneos para invertir sus ahorros.
Razones
Y ello por dos razones. La primera es que la simple condición de socio de la SAD no les aseguraba, en principio, la posibilidad de asistir con regularidad a los partidos, ya que para ello, que es lo que realmente les interesa, hacía falta adquirir otra condición ulterior, que era la de ser abonado. Y la segunda es que pensar que los clubes iban a obtener beneficios que después iban a repartir con sus socios era una ilusión rayana en el delirio.
Pero todavía había algo más que me hacía dudar del éxito de la medida de obligar a los clubes a convertirse en SAD. Y era que la realidad había demostrado que no había una relación directa entre la vestidura jurídica y la situación económica de los clubes. Es verdad que con la forma jurídica de la «asociación» la gran mayoría de los clubes habían acabado en la ruina. Pero también es verdad que, al menos, cuatro de ellos habían conseguido saldos patrimoniales netos positivos desde la temporada 85-86. Lo cual parecía indicar que la situación de crisis económica, más que ser consecuencia de la vestidura jurídica en sí, lo era de la mala gestión. Por eso, algún autor, como el citado Luis Selva, llegó a afirmar que la conversión obligatoria de los clubes en SAD pareció más una sanción por la mala gestión que una decisión meditada y firme de que la SAD era la forma societaria idónea para solucionar todos los problemas económicos del fútbol profesional.
No comparto totalmente esta opinión de Luis Selva, porque pienso que las SAD, más que ser una sanción, fue la moneda que tuvo que pagar públicamente el fútbol profesional para justificar la intervención del legislador con su plan de saneamiento: el legislador de entonces justificó que obligaba a los clubes a convertirse en empresarios para que su gestión fuese a partir de entonces una gestión profesional. Lo que ocurre es que vistas las cosas desde hoy todo parece haber sido un gran engaño, porque lo único que puso el Estado en el plan de saneamiento fue un pequeño aumento en el porcentaje de las quinielas y una nueva legislación.
Ellos mismos
En lo económico, los que de verdad pusieron los medios para sanear los clubes fueron ellos mismos (sobre todo con sus ingresos por las retransmisiones televisivas) y sus socios con sus aportaciones por la suscripción de las acciones. Más tarde, cuando la competencia entre las plataformas digitales hizo que los clubes firmaran contratos muy sustanciosos con ellas, lo clubes anticiparon a través de la LFP los pagos de la que denominada deuda pública y a partir de ahí cada club comenzó a administrar sus ingresos. Lo cual puede ser una explicación más de la nefasta gestión que realizaron. En lo jurídico, como vamos a ver seguidamente, el Estado dotó a los clubes de fútbol de una nueva estructura jurídica: para la gran mayoría de los clubes, las SAD, y para los cuatro que siguieron conservando su antigua vestidura se dictaron también normas especiales cuyo objeto fue agravar la responsabilidad de los miembros de sus juntas directivas.
Llegados a este punto, deben recordar que, aunque la SAD es la vestidura social que propone el legislador como medida principal para sanear los clubes de fútbol, mantiene también, con carácter excepcional para cuatro clubes, la estructura jurídica de la asociación privada, pero ?insisto? agravando la responsabilidad de los miembros de las juntas directivas. Por lo tanto, a partir del plan de saneamiento, no todos los clubes de fútbol de Primera y Segunda División tienen el mismo estatuto jurídico, propiciando el propio plan de saneamiento que la mayoría de ellos están sometidos a un régimen jurídico que vamos a denominar general, mientras que cuatro de ellos están sujetos a una normativa que podríamos calificar como excepcional.
Efectividad
A la vista de lo que antecede, no es exagerado afirmar que el legislador quiso someter a las SAD a un fuerte intervencionismo administrativo en el doble sentido indicado de aumento de las normas de carácter imperativo y existencia de controles externos, como los de la LFP y el propio CSD. Y se puede afirmar también que ese intervencionismo administrativo se diseñó con el objetivo de que no volviera a producirse la ruina del fútbol.
¿Qué sucedió? ¿Se consiguió que no volviera a producirse un descalabro económico en el mundo del fútbol? Desgraciadamente, pasados unos veinticinco años, el mundo del fútbol vuelve a estar inmerso en un gigantesco descalabro económico. Actualmente, las deudas de los clubes de Primera y Segunda División ascienden a la cifra escalofriante de 2.903.000.000 de euros (unos 483.000.000.000 de pesetas). Muy recientemente, un diario económico les mostraba tarjeta roja directa a los seis grandes clubes del fútbol español, Real Madrid, Atlético de Madrid, Valencia, Barcelona, Villarreal y Sevilla, cuyos pasivos en conjunto habían pasado a ser de 1.373 millones de euros en el año 2006 a 1.605 millones de euros en el año 2007; es decir, habían crecido en un año 432 millones de euros, lo que representa un aumento del 17% con respecto al ejercicio anterior.
Todo esto significa que los clubes se han gastado no solo la inyección de capital que recibieron a primeros de los años noventa ?con la promulgación de nueva ley del deporte?, así como los cuantiosos recursos económicos procedentes de televisión y de otros ingresos atípicos, como los publicitarios, de patrocinio, de merchandising, operaciones urbanísticas, etcétera que obtuvieron durante estos años, sino también la mareante cifra de dinero que aún deben.
Regulación
El tiempo ha demostrado, pues, que el sistema fracasó, y que esa regulación especial no ha podido evitar que los clubes de fútbol estén actualmente mucho más endeudados de lo que lo estaban entonces.
Ante esta pavorosa situación de crisis del fútbol profesional, lo lógico es preguntarse a qué se debe este rotundo fracaso de las medidas emprendidas por el legislador de 1990. Las razones pueden ser varias y de diversa índole, y entre ellas puede haber algunas que tienen que ver con la propia peculiaridad de la actividad del fútbol. Y es que sobre esta actividad gravitan unas dosis tan altas de aleatoriedad que se hace muy difícil calcular el riesgo empresarial. En efecto, son tantos, tan variados y tan incontrolables los factores que rodean al fútbol como actividad deportiva profesional (el acierto en los fichajes, las lesiones, el propio azar del juego, la presión de los aficionados, etcétera) que es muy difícil calcular y planificar el riesgo empresarial que traen aparejado.
Normas contables
Pero aunque esto es cierto, también lo es que estas peculiaridades no deben llevar a la conclusión de que el fútbol profesional es una actividad incontrolable que, por lo mismo, no debe ser sometida al imperio de la ley.
Los clubes de fútbol, en tanto que sociedades anónimas, son empresas y, como tales, están sometidos a las mismas normas contables, fiscales, mercantiles, laborales y penales que estas. Más aún: los clubes, como decía con anterioridad, están sujetos a normas más severas que muchos otros empresarios y están sometidos al control de la LFP y del CSD.
El problema, por lo tanto, no está en la legislación, aunque siempre se puede mejorar, cuanto en su aplicación. Y es que, sin que exista una justificación razonable, los clubes de fútbol están recibiendo un trato privilegiado por parte de todos los implicados que es, tal vez, la causa principal del descalabro económico que asuela nuestro fútbol profesional. Veamos.
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