Su pequeño y bien cuidado casco histórico lo integran calles empedradas y nobles edificios de granito vecinos de dos parques que se extienden en paralelo al río Gallo
Tranquilidad. Esa es la palabra mágica que envuelve al municipio pontevedrés de Cuntis. Y para concretar aún más, a su casco antiguo, pequeño y en excelente estado, grato para el caminar, lo que lo convierte en uno de los enclaves más bellos de Galicia. Dos hoteles (uno enorme, otro pequeño) graníticos y unos edificios con nobleza en sus sillares: la iglesia, la biblioteca a la que todo el mundo llama el Hospitalillo, los que conforman la plaza de Ferrol y el balneario son su corazón.
Frente al gran hotel abre sus puertas la Casa da Burga, un antiguo hospedaje de 1946 (el más antiguo de Cuntis) que Clara y Charo -familiares y amigas- reformaron como mesón, sin habitaciones, hace un lustro. No les debe ir mal, porque incluso figuran en una guía gastronómica de cierto prestigio. Charo es de A Estrada, pero lleva «aquí 25 anos». Es de las que alaban el casco histórico y el balneario, y vuelve a poner en la mesa la palabra «tranquilidad», la misma que repite María José Touceda, propietaria del establecimiento de turismo rural más emblemática de la comarca, Casa Sueiro.
Al lado de la Casa da Burga está un negocio que antes se llamaba Pilar, pero cuando la madre de Mary Luz y una tía compraron la pensión a los sobrinos de aquella -fallecida ya- el hospedaje pasó a denominarse Pura. «Mi madre se llama Pura, así que normal, ¿no?», dice Mary Luz. De Pilar queda un grato recuerdo en las entonces niñas de Cuntis, que cuando eran las fiestas siempre acudían a ella porque la mujer les preparaba una tarta de coco para chuparse los dedos. Mary Luz resalta que su pueblo «es bonito, tienen encanto tanto sus calles como sus casas». A ello Cruz, la dueña de Cruz Deseño Interiores añade la plaza de Ferrol, donde está su tienda y tiene vecinos como el café Quico.
Ya en el extrarradio, la casa de comidas Buján Carbia «leva toda a vida na recta de Anllada». El negocio comenzó en 1955 como taberna en la que se encontraba de todo y regentada por el padre de Higinio. Luego empezaron a dar comidas y en 1974, tras casarse el propio Higinio, dieron un vuelco. Pero por suerte aquello sigue siendo una casa de comidas muy popular y auténtica, en la cual, por cierto, se come mucho, bien y barato. El hombre parece feliz, contento con su trabajo y su clientela. Y pone el punto final: «¿Cuntis? ¡Encantador!».
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