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LA IDENTIFICACIÓN DE CADÁVERES La Voz del Colegio Médico Tras el código más personal

La filiación de las víctimas en los desastres no siempre puede ser visual. Se rige por métodos forenses y según un código ético. La Universidade de Santiago aporta consejos y expertos

Autor:
Xavier Lombardero
Fecha de publicación:
Hora:
Actualizada a las 18:39 h

Fotografías, efectos personales, huellas dactilares, registros dentales, genes... pueden ser el último rastro para reconocer una persona en un desastre como el de del vuelo JK5022 ocurrido en Barajas. Todo ello, sobre todo los análisis de parentesco, sirve para la identificación de cadáveres, probablemente una de las tareas más delicadas, por cuanto es también el deseo imperativo de los parientes que esperan cumplir cuanto antes con el duelo y entierro individual. Desde la recogida de los restos y la autopsia hasta expedir el certificado de defunción, todo es importante y estresante. Otras tragedias recientes, como la sufrida por los militares españoles fallecidos hace unos años en el el accidente del Yak 42, han demostrado que debe hacerse impecablemente.

En Barajas el proceso para devolver la identidad a los muertos se ha resuelto en poco más de una semana, nueve días. La organización de la medicina forense, su logística, progresó notablemente a raíz de experiencias como el atentado del World Trade Center de Nueva York, el tsunami en Indonesia y tras desastres aéreos en Noruega, Taiwán o Suiza. Desde Galicia se han realizado importantes contribuciones, pues los investigadores del Servicio de Genética Forense del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago están en la vanguardia, sobre todo cuando las tareas de identificación son complejas. Hoy existen recomendaciones y pautas de actuación a escala mundial para quienes realizan los análisis genéticos de los fallecidos en cuya elaboración han intervenido científicos de este instituto.

Las sofisticadas técnicas genéticas del centro compostelano suelen demandarse, cuando los procedimientos estándares ya no sirven, desde distintas partes del mundo. Ofrecieron su ayuda para las tareas de identificación de Barajas, pero no fue necesaria. No bastó el reconocimiento visual, pero los restos mortales estaban en aceptable estado, a pesar de las altas temperaturas alcanzadas en el incendio del avión, para disponer de muestras de tejido muscular. Ángel Carracedo, director del instituto compostelano, considera que el trabajo de Barajas fue eficaz y rápido. Al cierre de este reportaje, quedaban por entregar a sus familias los restos de dos pasajeros, un turco y un sueco, de los 154 fallecidos en el MD-82, entre ellos 15 difuntos extranjeros. La identificación apropiada tiene implicaciones legales, económicas e incluso diplomáticas, además de devolver cierta paz a las familias.

Cuando hay que recurrir al ADN, los genetistas deben rebuscar en ese 2% en que nuestro ácido desoxirribonucleico muestra diferencias entre individuos, incluso mediante la ampliación, millones de veces, de pequeños fragmentos que presentan variaciones. La recogida, documentación, numeración, etiquetado y custodia de restos es primordial.

Aunque el ADN suponga el último recurso, suele ser muy seguro. «Nosotros hemos probado a obtenerlo de piezas dentales sometidas a temperaturas altísimas, miles de grados, y obtuvimos perfiles de ADN. Lo habitual es analizar partes de él que son microsatélites y que se estropean rápido, pero en casos de mucha degradación u otros dificultosos recurrimos a secuenciar los denominados SNP (polimorfismos nucleótidos simples), que son variaciones entre individuos en el genoma que resisten mucho mejor la degradación. Hemos desarrollado con otros grupos europeos un panel con 52 SNP, validado para fines forenses y muy eficaz», explica Carracedo. Ese rasgo tan personal, la sustancia química que determina la herencia, se representa como una especie de código de barras. Ahí estarán las que ha recibido de la madre. Y las heredadas del padre biológico, si hay necesidad de establecer parentescos. Cotejarlas con otras recabadas en los domicilios de los propios fallecidos en la catástrofe aérea (pelos, uñas, saliva...) también ayuda. Cuando hay agrupaciones familiares entre los fallecidos, los genetistas deben igualmente hilar fino a la hora de comprobar las concordancias y realizar análisis estadísticos muchas veces complejos.

Habituales son también otros análisis de ADN con fines forenses como las pruebas biológicas de parentesco (paternidad) o la criminalística biológica, examinando manchas de sangre, semen, saliva o pelos. Las pruebas periciales son la rutina del instituto, aparte de testificar en los tribunales. En caso de muestras recogidas tras un acto criminal, lo habitual es comprobar que el ADN coincide, o no, con el de los presuntos autores.

 

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