El Concello arousano instala sin percatarse una luminaria plantada en medio del acceso a un garaje
Es el signo de los tiempos. Cualquier munícipe que se precie mínimamente de su condición debe abordar sin tardanza la humanización de sus calles. Bajo tan ilustrado concepto se pueden ocultar muchas cosas, pero predomina, junto a una peatonalización más o menos blanda, la intención de sembrar vías y plazas de bolardos, bancos, papeleras, un número por determinar de baldosas y baldosines y, por supuesto, farolas. Si son de diseño escandinavo, mejor que mejor.
Decidido a secundar este saludable principio, hace tiempo que el Concello de Vilagarcía, capital de la ría de Arousa, trabaja para pulir la imagen de su callejero. Básicamente en aquellos puntos que crecieron a la sombra del desarrollismo patán inaugurado en los sesenta, años felices sobre todo para el cemento y la hormigonera. Aquellas aceras tristes, oscurecidas por el humo de los automóviles, el paso del tiempo y de tanto transeúnte, son objeto hoy de coloristas inversiones en busca de la añorada felicidad urbana. Es el caso de Arcebispo Xelmírez, una calle de ensanche y aluvión que conduce al díscolo río de O Con, el mismo que hace poco más de un año se fue de cauce.
Tal fue el frenesí por remodelar el último tramo del vial, ya con el río a la vista, que ni quien redactó el proyecto ni quien puso la mano de obra, el pico y la pala cayeron en la cuenta de que una de sus luminarias iba a ser plantificada en las mismísimas narices de un garaje, con su vado municipal y todo.
Años atrás funcionaba aquí un almacén, reconvertido ahora en negocio de telefonía móvil, cuyo titular dejó caducar la reserva de aparcamiento. Dicen, en la tienda, que el hombre se arrepiente de su mal cálculo, pues el día en que tenga que echar mano de un vehículo necesitará un vespino o un tanque para salvar el mobiliario urbano. Queda, al menos, un consuelo para los bares de la redonda. La clientela más sedienta podrá abrazar sin problemas las farolas, ubicadas estratégicamente en el centro geográfico de la acera.
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