El caso de Manuel Martínez, un joven de Salceda de Caselas que ha encontrado empleo temporalmente en las islas afortunadas, es paradigmático de la situación económica de Galicia y, en especial, del problema de la vivienda.
Ha tenido que poner en venta su piso de Bueu porque, asegura, no puede pagar la hipoteca, que le ha subido 120 euros en la última revisión
La leyenda con la que Manuel Martínez Castiñeiras promociona la venta de su casa en Mundo anuncio no puede ser más explícita: «Por problemas económicos, urge vender piso en la ría de Pontevedra [...]: 162.000 euros». Cuando contactamos con él, aprovechando que se ha venido unos días de vacaciones a la vivienda familiar de Salceda de Caselas, sus palabras son todavía más francas: «Es que la hipoteca me ha subido casi 120 euros y se me hace muy difícil pagarla», reconoce este joven que hace ya unos meses decidió trasladarse a trabajar a Tenerife como comercial, un oficio que ha ya había ejercido en la provincia de Pontevedra.
Hace cuatro meses que puso a la venta una casa que había adquirido «como inversión» y hasta ahora solo ha recibido «tres o cuatro visitas y algunas llamadas telefónicas», aunque, advierte, «más con intención de tantear si estoy dispuesto a bajar el precio que otra cosa». Él vende el piso, que había comprado con una hipoteca de doce millones y unos ahorros ?«también he vivido épocas de vacas gordas», apunta con una sonrisa en la boca? al mismo precio que le costó, después de liquidar impuestos y afrontar el pago de una reforma «para dejarlo impecable», pero en su opinión la gente que en estos momentos está dispuesta a hacer un desembolso económico en una casa tiene intereses especulativos a la baja. Son los que él llama los tiburones inmobiliarios, alguno de los cuales, asegura, lo ha parado por la calle para preguntarle si cree que es buen momento para invertir en la construcción de Canarias.
Obsesión por el ladrillo
«A pesar de la situación, hay mucha gente que aún está obsesionada con hacer dinero con el ladrillo». Y cuenta su experiencia: «Hace unos días, en este mismo bar, me cité con un tipo que, sin ver las fotos del piso, me dijo: ?Te doy veinte millones?. Yo señalé para el BMW que él tenía allí aparcado y le respondí: ?Pues te compro el coche por dos?. ?¡Pero si vale ocho!?, protestó. ?Bueno, pues la casa, 26,5?, le repliqué». Es una de las anécdotas que pueden sucederle a alguien que anuncia abiertamente que vende por problemas económicos, aunque Manuel Castiñeira asegura que en el banco le han dicho que, en esta zona del sur de Pontevedra, donde el granito da mucho dinero fresco, hay bastantes personas con los billetes debajo del brazo dispuestos a comprar a la gente que necesita el dinero con urgencia.
Olvidar el mal trago
«Yo lo que no voy a hacer es perder dinero, lo que quiero es liquidar el préstamos y olvidarme de este mal trago», confiesa rotundamente Manuel antes de recordarnos que en su entorno hay muchos casos parecidos al suyo y que en pueblos como Salvaterra do Miño, donde en una mirada rápida parece que hubiera más casas en construcción que viviendas habitadas y, por supuesto, que vecinos, algún que otro promotor está a punto de parar la obra porque apenas ha conseguido vender alguna de las 140 viviendas que tiene en construcción. En cualquiera de las numerosas oficinas inmobiliarias que tienen abiertas sus puertas en esta localidad, algunas pomposamente bautizadas como Estate Agency, se puede comprobar que el negocio ha vivido tiempos mejores, a pesar de que a la hora de la comida los bares de menú del día se sigan llenando de obreros de las promociones cercanas: ofertas del tipo pague ahora seis mil euros y el resto cuando reciba las llaves son señal de que el delicado momento ha obligado al sector a utilizar estrategias de márketing, hasta ahora desconocidas en el mundillo, para mover estas toneladas de ladrillo revestidas del inevitable granito.
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