Siempre se ha considerado a sí mismo un «golfo» y ha radiado más fiestas que nadie; sin embargo, no está del todo feliz con su entrada en la edad de oro
Fue capaz de ponerle mujer al cardenal Quiroga y de retransmitir el sonido de una pota de callos. Luis Rial Suárez (Santiago, 1942) es el veterano hombrrrrre de las errrres y, sin riesgo a exagerarrrr, la persona que más fiestas ha retransmitido en el planeta.
-Hablamos, codo con codo, junto a un arrrrroz de mariscos en el Quijote de Santiago. «¡Como ferrrrve ese arrociño, Luis, como ferrrve con ese chup chup que da gloria escoitalo!». Sin embargo, no parece usted contento...
-Pues no, no lo estoy, no está el día para echar foguetes.
-Vaya... ¿Algo del trabajo?
-Te diría que... cuando uno, profesionalmente, hace algo que no le llena...
-¿Pero no tenía usted un programa nocturno que le iba al pelo? «A hora golfa», en la Radio Galega...
-Pero se suspendió porque sí, sin dar ninguna explicación. Llega uno a la conclusión de que, o quien te dirige no sabe lo que está haciendo, o es uno el que lo está haciendo mal.
-No sabía... Por la edad lo imaginaba a punto de jubilarse y, ¡a vivir!...
-El 4 de agosto cumplí 65 años y pude haberme jubilado, ser uno más del Imserso y hacer esos viajes que hacen mis queridos jubilados. Pero he decidido continuar porque me encuentro bien. ¡Ya ves que estoy fumando un buen Montecristo! Lo que pasa es que hay otros que quieren jubilarte; ellos sabrán por qué. Pero, a esos que me quieren jubilar, les digo: «Hay Luis Rial para rato».
-Para «rrrrato», con esa errrre tan potente...
-Eso, para rrrrato. De momento, en la Radio Galega, que yo fundé con otros compañeros. Quiero ver cumplido algo para lo que solo faltan dos años: las bodas de plata.
-Dice «de momento». ¿Lo tientan?
-Me están tentando, pero yo no presumo de tener ofertas. De momento, no voy a tirar la toalla.
-No hay radioyente en Galicia que no sepa quién es Rial. Tiene muchas tablas...
-Son 45 años haciendo radio, primero cuando la SER era la Sociedad Española de Radiodifusión, luego en Radio Cadena Española, Radio Nacional de España doce años y ahora, desde hace veintidós, en la Radio Galega. Si después de un periplo tan largo no he aportado nada a la radio de nuestra tierra, ten la seguridad de que Rial estaría viajando ya con el Imserso. La radio es mi segunda esposa, mi segunda esposa fiel que no me abandona, es como un veneno para el que no hay antídoto.
-Igual es que las cosas, en tantos años, han cambiado y ahora se imponen otros modelos de radio, cosas diferentes... O, a lo mejor, lo asocian a usted con una etapa política pasada...
-He pensado si a mí me encasillarían en eso. Puede haber algo, pero Rial tiene grandes amigos en las tres fuerzas políticas que configuran el arco parlamentario. Casi te puedo asegurar que la decisión de que yo, en este momento, esté en galeras, no es una decisión política, sino personal. Pero yo lo asumo, soy un todoterreno. Pongo tanta ilusión como el día que empecé.
-¿Le queda fiesta que no haya recorrido?
-Pocas. Hace poco un alcalde me preguntaba qué fiesta gastronómica podría hacer que no se haga ya, y yo le respondí: la del ajo o la del huevo.
-Dígame un pecado de reportero. Ave María Purísima..
-El que cometemos todos: la ingenuidad, querer ser los primeros en dar la noticia sin tener todos los datos y sin prever las consecuencias. A veces es mejor ser el segundo y dar una noticia contrastada. El pecado de la radio en España es que se abusa de las tertulias, de las figuras que saben de todo y no saben de nada. Y se está dejando atrás el «reporterismo», llevar ese micrófono a esa paisaniña o a ese paisaniño... Hay demasiada palabra y poco magnetofón.
-Cuénteme lo de la mujer del Cardenal Quiroga, va...
-Era el 25 de julio del 65 y la ofrenda al Apóstol la pronunciaba Franco. Tuve que leer en Radio Galicia, en Santiago, y me mandaron embargado el parte de aquella celebración, con orden de que no cambiase ni una coma. Así lo hice y la lectura era esta: «Señoras y señores, ¡Muy buenas tardes! En este momento asisten su excelencia el jefe del Estado y caudillo de los Ejércitos, Francisco Franco Bahamonde, acompañado de su distinguida esposa, Carmen Polo de Franco; el ministro de Gobernación y señora; el ministro del Ejército y señora, el gobernador civil y señora; y el cardenal y señora».
-¡Hala!, menudo paquete le caería...
-Apareció la Brigada de lo Social para detenerme. Menos mal que tenía el papeliño, en el que ponía que no se podía cambiar ni una coma, y allí estaba escrito: «Cardenal y señora». Claro, no pudieron hacerme nada. Son las cosas de la radio.
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