La concesión fue celebrada en su momento con fuegos artificiales y múltiples demostraciones
Dos años después de ser declarada capital, la villa recibió el título otorgado por la Reina Isabel II
Pontevedra cumple sus 175 años como ciudad. Y lo hará concretamente el 23 de noviembre de este año. Tal día de otoño de 1835 está firmada la real orden que otorgaba a la «Muy Noble, Leal y Antigua Villa de Pontevedra» la distinción, una petición que el Ayuntamiento había formulado el 16 de julio del año anterior.
Las cuatro mil almas que se calcula que por aquella época podían habitar la villa vieron colmado el proceso iniciado dos años antes con la concesión de la capitalidad -de la que por tanto se celebraron los 175 años ya en el 2008 aunque prácticamente inadvertidos- y lo festejaron por todo lo alto. Incluso el acontecimiento tuvo repercusión en la prensa madrileña. El periódico diario Revista Española cita en su ejemplar del 21 de diciembre de ese año «el regocijo» con que había sido recibido el nuevo título, llegado por el correo de la Corte. Una alegría celebrada «con iluminación voluntaria, fuegos artificiales, repique de campanas, música y otras demostraciones con que manifestaron de un modo muy positivo su gratitud y reconocimiento a la augusta dispensadora de este honor».
Ella no era otra que la Reina Isabel II, aunque el documento lo firma su madre, María Cristina, regente debido a la minoría de edad de la soberana. Y el escrito en cuestión hace propios todos los tópicos «con que los pontevedreses cubrían la decadencia de su ciudad», como bien describe el historiador Xosé Fortes Bouzán en su libro Historia de la ciudad de Pontevedra, un volumen que recoge además la copia de tan significativo documento.
Así, podemos imaginarnos a la Pontevedra de aquella época ubicada «entre jardines, campos amenos, pastos exquisitos y alturas deliciosas en el Camino Real que une las ciudades de Santiago y A Coruña». Recordar «sus cómodas y delineadas calles, magníficas plazas, saludables fuentes y paseos deliciosos con alamedas pobladas dentro y fuera de su recinto, que contiene multitud de establecimientos públicos, excelentes edificios, grandiosos templos, murallas y torreones respetables en medio de sus ruinas». Y descubrir que entonces el Ayuntamiento era «numeroso y distinguido», «con autoridades competentes».
El documento hace un repaso seguido a la historia de la villa desde la fundación por el guerrero Teucro hasta la importancia del arrabal de A Moureira, pasando por episodios bélicos, algunos quizá no tan conocidos hoy en día, como en que a orillas del Lérez se construyeron un escudo y armas para el general Aníbal, «por cuyo hecho ordenaron después los señores Reyes Católicos ... que todos los españoles usasen de los escudos o paveses fabricados en Pontevedra u Oviedo». Y cómo no, recuerda que por los «grandes servicios» hechos en todas las épocas por la villa, le fue concedida la capitalidad el 30 de noviembre de 1833.
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