La cifra se duplica con respecto al 2007 y aumenta la frecuencia de solicitudes con 11 peticiones bisemanles
El arzobispado de Santiago se muestra preocupado por esta cifra y culpa a algunos partidos políticos
La crisis no solo afecta al Gobierno, la religión católica también se encuentra en recesión en nuestra provincia en cuanto al número de feligreses que quieren seguir adscritos a la institución. Los hijos de la Iglesia se revelan y la diócesis culpa a «las campañas llevadas a cabo en las pasadas elecciones».
El arzobispado de Santiago, que comprende 1.071 parroquias de A Coruña y Pontevedra, recibió desde el 1 de enero y hasta el pasado 26 de agosto, 177 peticiones de apostasía, según datos facilitados por la institución. Esta cifra implica que este año se han duplicado las solicitudes con respecto al 2007, que se cerró con 75 peticiones.
La frecuencia de demandas ha aumentado vertiginosamente alcanzando once instancias cada dos semanas, o lo que es lo mismo, 22 por mes. En cambio el pasado año, el ritmo era sensiblemente inferior, tres diligencias cada período bisemanal o seis por mes.
La voz del arzobispado
El canciller del arzobispado de Santiago, Elisardo Temperán, se ha aventurado a calificar la situación de «bum de la apostasía». Este incipiente aumento lo relaciona con las elecciones generales del pasado 9 de marzo «por las campañas que ha habido». Además Temperán asegura que para verificarlo «solo hay que entrar en algunas de las páginas web relacionadas con el tema».
El canciller también reconoce que antes podía haber «una petición al año», sobre todo, de «emigrantes gallegos en Alemania» ya que en este país tienen que pagar un impuesto religioso y «solo quedan exentos del tributo si se declaran ateos». Para Temperán se trataba más de «un motivo económico que religioso». Otro colectivo susceptible de solicitar la apostasía eran «aquellas personas que se declaraban mormones o testigos de Jehová».
El canciller considera que la situación se ha producido sin previo aviso: «de repente comenzaron las campañas de colectivos gais y ha desembocado en campañas políticas».
Temperán reconoce el derecho a apostatar y asegura que se trata «de la plasmación de una realidad» porque son personas que «antes de solicitar la diligencia ya estaban fuera de la Iglesia». A pesar de esta afirmación, el canciller define la actual situación de «preocupante». Pero confiesa que no existe ningún tipo de campaña especial para evitar la apostasía, ya que «hacen campañas todos los días». Es «el pan nuestro de cada día-afirma Temperán-tratar de formar a la gente y atraerla».
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