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¿Tienes frío? ¡Toma castaña!

Este ourensano lleva 15 años detrás de las locomotoras que asan el fruto otoñal


ourense / la voz 02/12/2016 18:00

«¿Hasta qué hora va a estar usted aquí? Es que llevo un rato en la calle, con frío, y me llega un olor a castañas...». Un joven se acerca a Jesús Mariño. Lleva toda la tarde en el Paseo informando a los viandantes, que se paran, sobre la posibilidad de asociarse a Acnur. Su área de captación está cerca del antiguo Banco de España. En el mismo lugar en donde el ourensano Jesús Mariño lleva toda la tarde asando castañas. En una de las locomotoras que hacen especial la venta de este fruto en la capital ourensana. Abre y cierra el cajetín. Menea las castañas. De manera casi mecánica. Hace ya quince años que se dedica a asar y vender castañas por toda la provincia. Y recuerda perfectamente cómo empezó todo. «Un día estaba por el Paseo y vi a un hombre preparando las castañas junto a la locomotora. Me acerqué y le ayudé a picarlas. Me enseñó y así fue como empecé». Ahora trabaja para él y, junto a la locomotora, recorre diferentes puntos de la capital ourensana. No está siempre en el mismo sitio. Para Jesús Mariño es un trabajo más. Sabe mejor que nadie lo que es hacerlo con frío en la calle, parado. Aunque el calor que desprende el fuego le hace más llevadera la jornada. «Cuando llega el otoño y este tiempo nos ponemos en la capital y también estamos en fiestas señaladas como el entroido. Llegamos sobre las cinco de la tarde y preparamos el fuego. Luego asamos hasta la noche», explica. A pesar de que ya ha llegado otoño, asegura que de momento la venta es desigual. «Lo más importante para poder vender castañas es que haga frío. Y, de momento, no ha llegado como debería».

Jesús defiende a capa y espada que las castañas saben en la calle de otra manera. Además, afirma: «¡Son de Riós!» Y presume de asarlas lentamente a fuego de carbón y moviéndolas continuamente. «El mejor día fue el de la celebración del San Martiño. Aunque el Concello preparó las suyas no es lo mismo. Ellos lo hicieron rápido para asar lo máximo posible y no estaban ricas. La gente prefirió, al final, comprárnoslas a nosotros», subraya orgulloso. Mariño dice que las castañas asadas siguen siendo un producto que gusta a todos los ourensanos, aunque depende de la época del año y, como explicó, del tiempo. Y no hay diferencias entre mayores y niños. «A todo el mundo le gustan. ¡Es para todos los públicos!», ríe. Lo mejor es el contacto con la gente. Y lo peor, cuando el día es lluvioso. Jesús relata que aunque los ourensanos ya están acostumbrados a su presencia, hay muchas personas que se quieren hacer una foto con la máquina. ¡A saber la cantidad de turistas que tendrán en su casa, tras un viaje e Ourense, una imagen de Jesús asando castañas! Y es que aunque las venden en otros puntos de Galicia, solo en Ourense sacan la locomotora. Y no es lo mismo.

Pocas anécdotas recuerda, aunque dice que seguramente hay más de una. Es lo que tiene estar en la calle. Llega a primera hora de la tarde a su puesto de trabajo y lo primero que hace es preparar el fuego: «Pongo el carbón y lo enciendo. Las brasas tardan unos diez minutos en estar listas y entonces meto las castañas. Según voy vendiendo, voy asando», relata. Y así, continuamente. Jesús Mariño sigue moviendo la cajetilla con el fruto dentro mientras habla. No se pueden quemar. Ya tiene reparados los cucuruchos de papel de periódico para depositar las docenas que va vendiendo. Dice que utilizarlas no es cuestión de ahorro y que tampoco se trata de ofrecer una imagen tradicional del negocio. Asegura que es el lugar en donde la castaña conserva mejor su calor. En el Paseo hay, en esta época, cuatro castañeros. Compañeros de Jesús que dan cuenta con su presencia de que a pesar de no hace demasiado frío, el negocio funciona.

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Banco de España ACNUR Entroido Turismo Carnaval
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