Querida doña Elisa: ¡No se me va usted de la cabeza! ¿Cómo le pudo hacer esto Baltar? ¿Dónde está la dignidad? ¿Dónde los valores tradicionales que usted defiende con pasión, y con razón? ¿Dónde la rectitud, las buenas formas, la lealtad, el compromiso, la decencia en una palabra? ¿Cómo pudo Baltar sentar a su lado a su más cerril enemigo? ¿Ya olvidó que no hace ni un año acusaba a su marido, el buenazo de don Alberto, de utilizar coches públicos para asuntos privados? ¿No recuerda que no pasaron ni doce meses desde que el nuevo fichaje de Baltar decía de su gobierno, querida doña Elisa, aquello de que «non fai unha xestión polo interés xeral... senón pensando no beneficio particular, en forrarse e encher os seus bolsillos»? ¿No recuerda cuando le censuró los 100.000 euros en sueldos que le cuesta a San Cibrao el PP? ¿Ya olvidó como le echó en cara que «teña colocada a filla na Xunta e ao fillo na Diputación»? ¿Tanto cambia la política, querida doña Elisa, para tragar tanto sin sonrojarse nada, sin decir que es un escándalo, sin proclamar que un partido serio no puede fichar titiriteros? ¿No le da íntimo repelús saber quien avaló a su acérrimo rival para entrar en el PP? Me cuesta pensar, porque la conozco y la quiero, que hoy el desazón no reine en su corazón y, al menos por un día, piense conmigo: «¡Porca política!».
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