Un amplio dispositivo de la Guardia Civil acordonó la zona durante dos horas
A las diez de la mañana en la sucursal de Caixanova de la villa alaricana se veía un grupo de vecinos haciendo cola y esperando su turno para llegar al mostrador, mientras los operarios se afanaban frente a los ordenadores.
Una imagen de normalidad que poco tenía que ver con la estampa que se vivía en esta misma zona hasta pocos minutos antes, cuando el tramo de travesía de la carretera de Xunqueira que pasa frente al campo da Barreira se hallaba cortado y con una fuerte presencia de agentes de la Guardia Civil, Policía Local y Protección Civil que mantenían a decenas de vecinos y vehículos apartados del lugar.
La razón de tan inusual despliegue era una amenaza de bomba que se había recibido al filo de las ocho de la mañana tanto en uno de los teléfonos de Protección Civil de Allariz, como en la central de la Guardia Civil. Inmediatamente se puso en marcha el dispositivo que genera este tipo de alertas y en pocos minutos los agentes llegaban a a puerta de la sucursal para informar a los primeros trabajadores que habían llegado a la oficina y que desconocían la amenaza, para que evacuasen.
Mensaje inconcreto
La misma orden de salir y alejarse se dio a los vecinos de la media docena de edificios contiguos mientras se procedía al corte del tráfico y a cercar la zona. «De momento é unha impresión, aínda que non o acababa de crer e de seguido pensei que sería un bromista», opinaba una de las vecinas. Otros se quejaban de que «haya gente sin nada mejor que hacer que meterle el miedo a la gente en el cuerpo», decía otra mujer que, por cierto, se vió obligada a echarse una buena caminata para llegar a la estación de autobuses ya que la carretera cortada le dejó esperando inútilmente el transporte.
Lo cierto es que lo inconcreto del mensaje -sin reivindicación ni hora- hacía sospechar de la falsedad de la alerta. El comunicante fue breve, al menos en su llamada a Protección Civil: «Só dixo que había unha bomba na sucursal de Caixanova e que explotaría durante a mañá», matizaba el concejal Bernardo Varela, que junto a la teniente alcalde Cristina Cid permanecieron en el lugar hasta que se hubieron ido los efectivos la Guardia Civil y se recuperó la normalidad en la calle.
Papeleras y contenedores
Esa normalidad que normalmente se respira en esta zona una mañana entresemana cualquiera, no llegó hasta que los miembros del Tedax terminaron de revisar palmo a palmo las oficinas con los aparatos detectores de explosivos, así como buena parte del perímetro, incluidos varios contenedores cercanos y las papeleras, antes de certificar la efectiva falsedad del aviso.
Dos horas después el buen humor sustituía al susto, y muchos recordaban anécdotas similares de la época escolar, cuando la proximidad de exámenes ponía de moda tan descabellada práctica. Eso sí, si la investigación que sigue la Policía Judicial por el hecho de ayer da sus frutos, posiblemente al autor de la llamada le hagan bastante menos gracia las consecuencias de su poca cabeza.
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