Un vecino de Ribadavia ha recolectado en un pequeño huerto vigués un tubérculo de 25 centímetros y llamativa hechura
La naturaleza es caprichosa. Vicente Fernández, natural de Ribadavia y residente en Vigo, posee un pequeño huerto en el barrio do Pazo de Tameiga (Mos) que ha producido un curioso ejemplar. El tubérculo mide 25 centímetros de largo y pesa un kilo y cuatrocientos gramos. Fernández lo extrajo el pasado sábado mientras cavaba en su propiedad. También obtuvo otra patata de un peso superior a un kilo. «Este año han salido muy grandes», relata el horticultor. El secreto de su huerto es el abono utilizado, todo natural. «Cubro la tierra con hojas de castaño y echo un poco de estiércol de caballo», cuenta.
No es la primera vez que el huerto de Vicente produce hortalizas asombrosas. Hace ocho años cosechó una calabaza gigante que pesaba, ni más ni menos, 80 kilos. «Me dieron el segundo premio en la Feira do Millo de Cabral». En este evento se galardonan las hortalizas más grandes y peculiares. Este año no ha podido llevarse el primer premio -al que seguro que era acreedor- porque cuando recolectó la peculiar patata la feria ya se había celebrado.
Ahora no sabe muy bien qué hacer. Lo que él y su mujer, Blanca López, tienen claro es que «no la vamos a consumir». Hay quien le ha sugerido que la guarde en formol. Pero quizá acabe secándose. De hecho su tamaño ha menguado ligeramente desde que la recolectó, por la pequeña evaporación sufrida.
Vicente Fernández trabaja de bombero, tiene muchos días libres y puede prestar atención a sus hortalizas. Su huerto produce espinacas suficientes como para alimentar a diez Popeyes. Las peras también son gigantescas.
A partir de enero tendrá mucho más tiempo para dedicárselo al huerto ya que se jubila como profesional del Cuerpo de Bomberos de Vigo. Atrás quedarán más de 41 años de servicio en los que no han faltado avatares, como la vez que sufrió una intoxicación aguda de ácido nítrico. «Fuimos a apagar el incendio en una imprenta en la calle Progreso. Tenían ácido guardado en garrafones que estallaron y, en contacto con el agua, se formó ácido nítrico. Entonces las máscaras que usábamos no eran como las de ahora. No se ajustaban herméticamente a la cara y se empañaban», recuerda.
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