L os primeros en pedir «un ERE para los políticos» fueron los twitteros del 15-M, que, obligados a ofrecer su menú político en pinchos de 140 caracteres, tratan de resumir ideas cada vez más complejas en textos cada vez más simples. Precisamente por eso, porque tanto las protestas como los Gobiernos se llevan mal con las chuminadas y los ripios, tuve la convicción de que tan elemental proclama acabaría perdida en el follaje de Internet, sin que ningún colectivo serio se adhiriese él. Pero me equivoqué, y bastaron solo tres meses para que tan irracional eslogan pasase de los indignados que escriben con el dedo pulgar a los pequeños empresarios agobiados por la crisis del crédito y los recortes, y de estos a las pancartas del personal sanitario que trata de defender sus intereses en las calles de Barcelona.
Lo curioso es que los políticos son los únicos trabajadores esencialmente interinos que hay en las democracias, que no solo cierran su empresa cada cuatro años, yéndose todos al paro, sino que pueden ser despedidos por por el pueblo sin ninguna indemnización, y sin que nadie les dé la oportunidad de alegar despido improcedente -yo sé mucho de esto- aunque con frecuencia lo sea. Y por eso quiero decirle a los médicos catalanes -que espero que hagan los diagnósticos y las terapias mejor que la política- que el ERE que demandan ya está publicado en el BOE, y que si al final vuelven a contratar a quienes los llevaron hasta aquí, no serán los políticos ahora despedidos los que tengan la culpa.
La forma en que se produjo el brutal endeudamiento de Cataluña fue televisada en directo durante más de veinte años. Las causas por las que se hizo inviable la sanidad catalana las conocen los médicos mejor que nadie. Y que esos males son evitables con dieta y vacunas efectivas los sabe todo el mundo desde el tiempo de Pericles. Y por eso le iría mejor a los médicos catalanes si, en vez de dar coces contra el aguijón, se preguntasen en serio si escogieron bien a sus administradores; si vivieron ciegos hasta hoy o solo hicieron la vista gorda; si creen que se puede seguir haciendo política con partidos enquistados en sus inercias clientelares, y si es mejor permanecer en el círculo vicioso en el que están atrapados -de catalanismo puro a catalanismo en sucedáneos- o vale la pena airear la agenda política y las opciones de gobierno de forma inteligente.
Así que, queridos indignados de alta graduación -médicos y empresarios-, ¡mediten el futuro con la papeleta en la mano! Porque cambiar esto es posible, barato y no tiene contraindicaciones. El problema es que nadie está dispuesto a arriesgar un solo euro en una recapitalización intelectual de la política. Y contra eso no hay más solución que un ERE a los ciudadanos. El único ERE que es anticonstitucional e innegociable.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios