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a torre vixía : El gran timo de la Libia rescatada

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A los países ricos nos importa un bledo cómo se ha forjado nuestra riqueza, y, aunque intuimos que en medio del trigo hay mucha cizaña, solemos hacernos los suecos ante cualquier situación que suene a catástrofe bélica o humanitaria provocada por el neoimperialismo occidental. Por eso estamos tan dispuestos a creer cualquier mentira y a ocultar cualquier evidencia de nuestras guerras sucias y atolondradas. Porque, siendo como somos, cultos y educados, nos gusta llevar la conciencia a la tintorería, como si fuese una alfombra. Y eso es lo que está sucediendo con Libia.

Gadafi -el dictador corrupto y payaso- no es una desgracia caída del cielo hace seis meses, sino el resultado de una colonización desastrosa y de un modelo de relaciones internacionales que no tiene más criterios ni más moral que el beneficio. Hasta hace dos años, a Gadafi, que ya era igual que ahora, se le rendían honores, se le cedía un trozo de soberanía para montar su jaima de beduino machista, se le aseguraban sus ingentes ahorros a sabiendas de que eran fruto del pillaje institucional, se le inscribían bienes en los registros y se le entregaban armas, tecnología y fabulosos contratos de compraventa de energía y obra civil. Y todo se hacía así porque Gadafi era el dueño del colmado libio. Pero llegaron las inciertas revueltas norteafricanas y, al intuir que Libia iba a cambiar de dueño, cambió Europa de camisa.

Por eso empezamos una nueva guerra, porque los europeos, a pesar de ser tan cultos y cristianos, solo fiamos nuestros negocios a las armas. Y a ese festival de destrucción y muerte lo hemos bautizado como transición democrática, protección de la población civil y nacimiento de una nueva Libia. ¡Todo mentira! ¡Todo sangre! Porque en este trayecto del blanco al negro, esta santa Europa no se arrepintió de nada, ni rectificó nada, ni exigió ninguna responsabilidad política. Y lo único que hemos hecho es asegurarnos de que el nuevo poder les debe su ser y su negocio a esos valientes pilotos de la OTAN que hacen la guerra sin despeinarse y yendo a comer a casa todos los días. ¡Qué lindo!

La reconstrucción de Libia, salvo en lo que sea negocio, durará veinte años. La débil estructura de la nación es ahora propiedad del tribalismo y los nuevos señores de la guerra. Y a la gente solo le queda un calvario parecido al que tenían. Porque hemos ido allí sin arrepentirnos de nada y sin criterios de democratización y paz de validez universal.

A la desolación le llaman paz, decía Tácito. Igual que en Irak, y en Afganistán, y en tantos otros sitios redimidos por Occidente. Porque solo tenemos negocios travestidos de paternalismo generoso. Un escándalo moral que solo pasa desapercibido para los tontos y los interesados, una clasificación social muy sencilla, pero que en Europa nos abarca a todos.

 

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Xosé Luís Barreiro Rivas
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