A ver si somos capaces de dejar las lamentaciones a un lado y de ver la realidad. Ya sabemos que nos acaban de robar parte de nuestra alma, que nos han dejado sin la mirada de Europa a Santiago y que acabamos de quedarnos sin el pórtico de la Gloria, pero en literatura. Pero vamos a lo que realmente nos interesa a los gallegos, que es recuperar el códice y enterarnos de cómo se custodian y protegen nuestros tesoros.
Porque sería más imaginable y perdonable que nos dejaran sin el Apóstol Santiago, que está expuesto a la vista e intenciones de cientos de miles de personas, que hacer lo que nos hicieron. Robarnos lo que creíamos que teníamos a buen recaudo, en una caja fuerte y en el archivo catedralicio.
Todavía sin reponernos del sobresalto, de la vergüenza ajena y de la sensación de ridículo, que también hay que decirlo, muchos gallegos nos preguntamos qué rigor había en la custodia del tesoro, por qué se produce un desfase que puede resultar trascendental para el caso entre el descubrimiento del robo y la presentación de la denuncia, y cómo es posible que varios días después aún ninguno de sus custodios haya pasado por los calabozos.
Porque hay negligencias o dejaciones que resultan inaceptables. Porque afectan a la dignidad de un pueblo. Y alguien ha de dar cuenta de ellas. Los que tenían la obligación de proteger y amparar.
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