L a vida del sabio pasa desapercibida, casi siempre, para el común de los mortales. La razón está en que su dedicación al trabajo lo lleva a vivir ajeno a las vanidades. Se hace verdad en ellos el dicho de Teresa de Ávila de que el sabio es aquel que, desde una profunda humildad, anda en la verdad que cautiva y enamora.
Esa vida en recogimiento y silencio tiene una excepción cualificada, y es el valor que dan a la amistad, como algo permanente y constitutivo de sus relaciones íntimas, como algo permanente en el tiempo aunque muden las circunstancias. Con estas palabras quisiera contribuir a perfilar la fisonomía humana e intelectual del profesor Edelmiro Bascuas.
En silencio, como de puntillas para no molestar, acaba de pasar a la casa del Padre común un vecino de A Coruña, el profesor Edelmiro Bascuas López, un hombre sabio y bueno al que no se le ocultaban los más complicados recovecos de la filología y la semántica. Ha sido un lujo de hombre para esta tierra. Solo los que hemos tenido la dicha de acercarnos a él hemos bebido en un manantial de humanidad, sabiduría y sencillez pasmosas. Ha sido el amigo fiel y conversador ameno que nos hacía sentir en comunión con esta tierra, su historia, sus hombres y mujeres, su forma de llamar a las cosas.
Descansa en el silencio sonoro de la vida que no acaba, Edelmiro, maestro y amigo.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios