Cada vez los dejamos más solos y más tirados. Como otros hacen con las mascotas en verano. Sin escrúpulos. Este no es país para viejos. Es muy fácil ser hijo. Muchos hijos no tienen padres, tienen criados. Es menos fácil ser padre. Pero es bastante difícil ser abuelo y encima estar enfermo. Si el abuelo o abuela están bien de salud y ayudan a cuidar a los nietos, estupendo. Visitarlos es, en realidad, un chollo. Vamos un rato, saludamos, dejamos a las fieras y nos largamos rápido a divertirnos. Si el abuelo no vale para cuidar a los nietos, visitarlos ya es un engorro. Es una visita diplomática, para apaciguar la mala conciencia y poco más. Y si el abuelo o abuela están enfermos y necesitan ayuda, entonces es cuando huimos despavoridos. Es cuando unos hermanos se pelean con otros. Cuando las cuñadas solo complican las versiones y las posibilidades. Es cuando nadie da el primer paso. Es cuando todos tienen una lista de problemas por los que les resulta imposible hacerse cargo de quienes les cuidaron cuando no sabían ni andar por la vida. Es cuando no existen los gobiernos. Vivimos, o sobrevivimos, en una sociedad que no admite la arruga. La arruga no es bella. Es una condena. Casi cambiamos de acera si vemos a una señora que camina con la ayuda de un carrito. No nos damos cuenta de que esa mujer es el principal motivo de nuestra existencia. La madre que nos enseñó a nombrar el mundo, y a reír.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios