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el ojo público : ¿Por qué no hay que negociar con ETA?

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Aunque la pregunta que encabeza esta columna podría responderse con cien argumentos diferentes, me fijaré tan solo en dos, que me parecen más que suficientes para aplaudir la actitud con que los grandes partidos democráticos han respondido unánimemente a las baladronadas de los encapuchados: que ETA entregue las armas y se disuelva de inmediato.

No hay que negociar con ETA, en primer lugar, porque para no tener que hacerlo hemos pagado durante casi medio siglo un precio altísimo: en primer lugar, y sobre todo, la vida de las 858 personas asesinadas por la banda terrorista. Pero además, el terrible dolor de todos sus familiares y el inmenso sufrimiento de los heridos, los secuestrados, los perseguidos, los exiliados, los escoltados, los aterrorizados y el de sus familiares y amigos. ETA ha provocado incontables daños materiales, ha mantenido en tensión durante años y años a una sociedad entera y ha obligado a dedicar a perseguirla ingentes cantidades de dinero que podían haberse empleado para hacer el bien y no solo para evitar hacer el mal.

Pero, pese a todo ello, incluso en los momentos peores de esa lucha, cuando ETA era capaz de asesinar a docenas de personas cada año (¡68 en 1978, 80 en 1979, 98 en 1980!) la sociedad y sus autoridades democráticas consiguieron resistir la tentación de ceder a su presión y darse por vencidas.

Fue precisamente esa valerosa resistencia, constitutiva sin duda de la página más heroica de la historia española durante todo el siglo XX, la que nos ha permitido alcanzar la presente situación: la de una ETA operativamente derrotada, políticamente aislada, financieramente ahogada, desprestigiada socialmente como nunca y, en fin, en su último estertor.

A esa ETA, que es la que ahora exige negociar, se le enviaría el peor mensaje imaginable si se estimulase su esperanza de que ahora podría conseguir lo que no alcanzó cuando mantuvo en jaque a toda España. Por eso tampoco hay que negociar con los terroristas: porque hacerlo sería la mejor manera de animarlos a seguir, dando pábulo al desvarío de que algún día podrían ganar su partida criminal.

La historia de la lucha contra ETA es la mejor prueba que existe en el mundo para refutar la tesis de los que (la propia ETA entre ellos) sostienen que con una banda terrorista solo puede acabarse negociando: el caso español demuestra justamente lo contrario. Es más, prueba que haber negociado con ETA, hasta en once ocasiones diferentes, ha sido quizá la mejor manera de animar a ETA, aún sin quererlo, a mantener el delirio que ha costado a tanta gente tantos sufrimientos: el de que una partida de matones puede, mediante el asesinato selectivo, el secuestro y la extorsión, imponerse a un Estado democrático.

 

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Roberto L. Blanco Valdés
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