España es una, pero en realidad son dos: la España devota con ídolos de merengue y barro, que eleva a categoría épica o presidencial a cualquier papanatas, y la España cainita, que vulnera y ofende, aquella que «envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora». El profesor Neira, que antaño ha tenido un gesto de valentía inusual, ocupa ahora rango de villano por conducir ebrio. Él dice que un medicamento y poco alcohol alteraron sus facultades. Y yo lo creo, aunque tal circunstancia no cambie el hecho. Lo creo más que a todos aquellos que ahora piden su dimisión cuando otrora cantaron sus glorias.
¿Recuerdan? Fue él quien medió en una pelea para defender a una mujer indefensa que después hizo caja, en la televisión de la náusea, contando sus aflicciones mientras Neira casi se moría. Él, a quien enarbolaron justamente como paradigma de la igualdad, el coraje sano y los valores. Ahora, los mismos que lo nominaron para un cargo público han pedido su dimisión inmediata. La hipocresía es quien gobierna España y los partidos. La hipocresía, el cinismo, la mojigatería barata. Las dos Españas no tienen término medio, quizá por ese motivo creamos nuestros héroes para después, como Saturno, comérnoslos. No defenderé que alguien conduzca ebrio, pero sí defiendo a Neira, aunque la mayoría no pueda entenderlo. Lo defiendo porque es víctima de este país mentecato que perdona a los imbéciles, incompetentes y cuatreros, pero no sabe perdonar el error de los intrépidos y heroicos. Defiendo a Neira... y me bajo de estas dos Españas. Mediocres y mezquinas.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios