Una auditoría externa detecta poco rigor en las fuentes científicas de los informes de los especialistas del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y conflicto de intereses en sus componentes (La Voz, 31-8).
Ya he mostrado en varias ocasiones mi escepticismo respecto a las conclusiones derivadas de la aplicación de modelos de variación climática, basados en datos actuales para obtener conclusiones futuras. Mi escepticismo se incrementa si hay poco rigor en las fuentes. No hay que perder de vista que la ciencia-ciencia se fundamenta en las experiencias bien hechas y contrastadas en varios laboratorios. Esa sigue siendo la verdad científica. La prospección mediante tendencias en datos actuales adolece de la posibilidad de contrastar experimentalmente los resultados. Solo se podrán comprobar en el futuro.
De la auditoría externa sobre el IPCC, realizada por científicos pertenecientes a academias de ciencias, quiero destacar la parte que dice: los informes sobre el clima deben ser más claros en cuanto a la incertidumbre que existe sobre las conclusiones de los trabajos del IPCC. Ahí está la clave. En todos los trabajos científicos hay incertidumbres inherentes a las medidas experimentales. Con los datos meteorológicos (temperatura, presión, pluviosidad, etcétera) ocurre lo mismo. Pero la imprecisión se incrementa considerablemente cuando se hace prospección de futuro, tanto a corto plazo (predicción del tiempo) como a largo (variación climática). Eso ha de estar recogido en los informes, que se presentan como verdades absolutas.
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