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el ojo público : ¡Que Dios nos coja traspasados!

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Para echarse a temblar. Sí, la circunstancia de que Zapatero se haya puesto a negociar con el PNV, ya in extremis, un acuerdo de legislatura que le permita aprobar los Presupuestos y le evite, así, tener que anticipar las elecciones, es para echarse a temblar, al menos por tres tipos de motivos: la personalidad del presidente, el grado de desarrollo de nuestro Estado autonómico y el momento de la actual legislatura.

Sobre la personalidad de Zapatero poco hay que decir que no sea ya de dominio general: el presidente es un hombre sin convicciones ni criterio, obsesionado con seguir en el poder, que a buen seguro estará dispuesto a ceder en lo que sea con tal de asegurarse llegar al 2012 en la Moncloa. De hecho, la diferencia entre Zapatero y quienes le precedieron en el cargo no es que él se encuentre en una situación en la que no se vieron sus colegas: todos pasaron en algún momento por lo mismo (depender de los nacionalistas para seguir), pero ninguno puso en almoneda la estructura del Estado a cambio del apoyo a su Gobierno. González, por ejemplo, prefirió disolver anticipadamente en 1996 a quedar en manos de un nacionalismo catalán, entonces mucho más moderado que el de hoy.

De hecho, en los quince años transcurridos desde entonces, se han producido dos fenómenos (incomprensiblemente) paralelos, que añaden más peligro aún a la negociación entre el PNV y Zapatero: el Estado se ha descentralizado hasta un punto que deja ya muy poco margen para negociar nuevos traspasos, pese a lo cual CiU y el PNV se han radicalizado año tras año. No es por eso de extrañar que el PNV exija ahora lo que desde siempre se ha considerado innegociable (la gestión de la caja de la Seguridad Social o las políticas de empleo) y que CiU haya anunciado que si tales competencias se transfieren al País Vasco, exigirá lo mismo en Cataluña. Detrás, claro, vendría Andalucía y luego todas las demás comunidades.

Pero, si le conviene, nada de eso le importará a Zapatero, pues, dispuesta CiU a forzar la anticipación electoral, no tiene más aliado potencial que el PNV. El presidente negociará con él, puenteando de forma políticamente insólita e institucionalmente vergonzosa al propio Gobierno vasco, que preside su correligionario Patxi López, quien, uniéndose a un clamor general en el país, le pide que resista la presión del PNV.

No hay ningún motivo, sin embargo, sino más bien todo lo contrario, para suponer que Zapatero será capaz de hacer lo que han hecho antes que él todos los presidentes españoles: negarse a poner en la misma balanza su continuidad en el poder y la cohesión territorial de España. Y, lo que es peor, no lo hay tampoco para pensar que, llegado el caso, vaya a impedírselo el actual Partido Socialista.

 

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