A muchos empresarios y seudoempresarios se les llena la boca de galleguismo a la hora de solicitar concesiones, permisos y subvenciones. Pero cuando conviene a sus intereses no dudan en hacer caja y dejar las empresas en manos foráneas, ajenas al interés general gallego. Por eso los que actúan en sentido contrario son merecedores de aplauso y respeto.
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