Hoy empieza la selectividad en Galicia y el absurdo de dicha prueba, este año, ronda límites próximos a lo kafkiano; más aún, al método paranoico-crítico de Dalí, para que nos entendamos, surrealismo puro y duro. Los alumnos ya no aspirarán a sacar un 9,5 para entrar en determinadas carreras. Eso este año es merecedor de bronca paterna. Hay que sacar un 14, pues si no los muchachos, y las muchachas, no podrán estudiar Medicina. En España, el adolescente con calificaciones de 9 en adelante, ahora de 13, ya no se plantea lo que desea estudiar, pues como le da la media, se matricula en Medicina, no va a dejar de ser médico pudiendo serlo. Sería socialmente imperdonable que un joven con media galáctica hiciera una titulación en la cual no se exija nota de corte. ¿Y tu hija qué va a estudiar? No tiene ni idea, contesta la madre, pero hará Medicina, pues tiene media para ello.
¿Cuál es el problema de todo esto? Pues que al existir tan pocas plazas, lo cual responde en buena medida a cuestiones de corporativismo, auténticas vocaciones se quedan fuera, en muchos casos por centésimas, y con una frustración que les durará toda una vida. A sensu contrario, muchos de los que ingresan en los templos de culto a Hipócrates, Asclepio o Esculapio, pasarán por la facultad sin que la facultad pase por ellos.
¿Por qué se ingresa en Derecho con un 5 y en Medicina, hasta ahora, con casi un 9 y a partir de hoy con un 13,5? ¿Somos más tontos los de letras? Mucho cuidado. No hay nada más peligroso que un médico por obligación y sin vocación.
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