Cada uno es muy libre de suicidarse cómo le dé la gana. Solo le quiero recordar en el día sin tabaco que, al darle una calada, usted se está matando. Al año, más de cincuenta mil personas en España mueren prematuramente por fumar. Las cifras abruman. Mata a mil trabajadores de hostelería fumadores pasivos. Mata a cinco argentinos cada hora. A 165 mexicanos al día. Hay números para todos. La boquilla es una punta de una pistola con la que usted se está administrando la dosis de una bala que le llevará antes de tiempo a la tumba. Está claro. Luego llegarán los entierros y las lágrimas de sus seres queridos, que le perderán por culpa del maldito tabaco. Tabaco que ni siquiera lo es. Porque, si no le llegó con las cifras, le recuerdo que un pitillo lleva las siguientes maravillas, algunas de ellas agentes carcinógenos: alquitrán; arsénico; cadmio y níquel, el que se usa para baterías; polonio 210, que es radiactivo; amoníaco, como el que se usa en los limpiacristales, acetona y tolueno, disolventes tóxicos; cianuro de hidrógeno, raticida; o metanol, combustible de misiles. ¡Qué menú! Y no me diga que la excusa es el placer. También da placer el sexo y usted lo practica mucho menos que el tabaco, cuando el sexo, al contrario que el tabaco, regala salud, no la sustrae. Pero siga, siga con su manía de consumirse como ese pitillo del que es dependiente, esclavo consciente. Al pedir fuego es usted el que se quema.
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