Después de dos años diciendo que no tocaría las prestaciones sociales, Zapatero se acaba de poner el traje de mandatario neoliberal y ha sacrificado buena parte de su política social, obligado por la que está cayendo y después de recibir anoche una llamada del mismísimo Obama.
Después de dos años acusando a su rival de manirroto, pidiendo rigor contable y mano dura, Rajoy se acaba de enfundar la zamarra socialdemócrata y, probablemente agobiado por el duro retrato que le acaba de hacer el CIS, clama contra el recorte de derechos sociales. La crisis, dice, la van a pagar los pensionistas y las futuras madres.
Efectivamente, las medidas anunciadas por Zapatero en el Parlamento son durísimas, quizás el mayor ajuste del cinturón acometido jamás en la historia de la democracia española. Hasta ahora, ha dicho el jefe del Ejecutivo, la crisis la han pagado los trabajadores que se han ido al paro y los empresarios que han tenido que bajar la persiana. Ahora nos toca al resto.
Salvo los tres millones de funcionarios afectados, el Gobierno no va a encontrar demasiada oposición a la rebaja de los sueldos en la función pública, hasta ahora el único reducto que, junto con los pensionistas, se mantenía al margen de la crisis.
Quien tuviera en cuenta la subvención de 2.500 euros para ampliar la familia aún está a tiempo, pues la medida (idéntica para una madre en paro que para la mujer un futbolista de Champions) no se suprimirá hasta el 1 de enero.
El recorte constata que la Ley de Dependencia era un sueño escandinavo cuando la economía iba como un tiro, pero que se ha revelado como una quimera en una economía globalizada en la que toca competir con China, India o EE.UU. Recortar ahí, cuando el gran proyecto casi ni había comenzado a rodar, es un gran contratiempo para Zapatero. Y por encima de todo un pozo de frustraciones para millones de familias que habían puesto demasiadas esperanzas en poder mejorar su calidad de vida.
No deja de ser paradójico que haya tenido que mediar una llamada de Obama para que el Gobierno afronte el escandaloso asunto de los medicamentos. Clama al cielo que cuando vas al médico te recete una caja de cuarenta gelocatiles para un resfriado de tres días.
Pero, sobre todo, las medidas anunciadas hoy demuestran también que los grandes propósitos de hace año y medio, cuando Wall Street se desangraba, se ha quedado en un eslogan. El capitalismo no solo no se ha refundado, sino que la apisonadora ha girado 180 grados y avanza imparable destruyendo todas las conquistas de las últimas décadas.
Zapatero, que tiene el colchón de los datos del CIS, parece haberse enterado ayer por la noche. Rajoy, da la impresión que ni eso. Podría haber quedado como un político serio advirtiendo a su contrincante de que ya estaba sobre aviso, y de paso ofreciéndole todo su apoyo ante el nuevo escenario que se abre. A cambio ha optado por una práctica muy de moda, el pachivazquismo político: dime lo que opinas tú, que ya me las arreglaré yo para opinar todo lo contrario.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios