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cuarto creciente : Discriminación, no religión

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«Di a las creyentes que bajen sus ojos, oculten sus partes y no muestren sus adornos más que en lo que se ve. ¡Cubran su seno con el velo!». Este es el inicio del versículo 32 de la azora XXIV del Corán titulada La luz . En este texto se establece claramente que las mujeres deben cubrir lo que hoy consideraríamos básico para el decoro, pero no su cabeza. Catorce siglos después de que el Corán fuera inspirado al profeta Mahoma, cuando el hombre viaja al espacio con regularidad y ha descifrado su código genético, resulta inaceptable que, amparándose en interpretaciones forzadas del Corán, se siga relegando a las mujeres a un estado de sumisión e ignorancia propio de la Edad Media.

El uso del velo en todas sus variantes no deriva de ningún precepto religioso, por mucho que algunos teólogos musulmanes, cuyo único mérito es haberse aprendido de memoria los textos sagrados, y progresistas no musulmanes mal informados se empeñen en afirmar lo contrario. Nada tiene que ver con la fe sino con una costumbre social que intenta preservar, incluso frente al derecho a la vida, la pureza de la mujer, la legitimidad de la prole y el honor del hombre. Una visión absolutamente patriarcal y machista.

Hay millones de musulmanes cultos y practicantes que no imponen a sus mujeres ir cubiertas y, por ende, millones de musulmanas que no lo hacen porque saben que no es una cuestión de fe. Esta práctica solo es obligatoria en Estados totalitarios y teocráticos como Arabia Saudí o Irán, donde se violan de manera sistemática los derechos fundamentales del individuo, o en sociedades poco desarrolladas que no penalizan los crímenes de honor o aceptan la lapidación de una mujer porque ha osado ponerse pantalones.

Nuestra Constitución establece el derecho a la igualdad y a la no discriminación. El velo vulnera ambos. Nuestra sociedad laica garantiza la práctica religiosa a los musulmanes, como rezar cinco veces al día, ayunar los cuarenta días del Ramadán, practicar la caridad o peregrinar a la Meca, pero no puede permitir acciones que supongan una discriminación. Cuestión distinta es que a los que gobiernan les cueste tomar cartas en el asunto, porque es mucho más difícil que presumir de progresista, esgrimir la libertad de culto y acusar de feministas o retrógrados a aquellos que pedimos una prohibición clara y específica.

 

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Yashmina Shawki
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