Inquietud. El caso de la guardería de Vigo ha hecho saltar las alarmas de una sociedad que ansía las certidumbres para respirar tranquila. Uno espera de la Justicia que sea ecuánime, de la policía que sea insobornable, de los médicos que sean infalibles... Y en esa misma línea, los padres esperan que sus bebés hallen en la guardería una suerte de segundo hogar en el que medrar al calor de gentes de bien. Pero no siempre es así. Esas certezas son en ocasiones tan frágiles como el hombre, y por ello lo que se tercia ahora es que actúen la Justicia y la policía, al igual que la Xunta. Que actúen para encontrar al culpable de tal aberración. Para recuperar, en definitiva, parte de la confianza perdida.
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