Hemos tenido que aguardar un año para ver cómo Feijoo se decide, al fin, a abordar el problema más grave que tiene planteado este nuestro reino. Porque podemos convertir esta tierra en un paraíso, que no es el caso, y encontrarnos con que no hay quien la habite. De ahí que el presidente haya aprovechado el debate sobre el estado de la autonomía para anunciar un pacto por el impulso demográfico que, a la vista de su discurso, se nos antoja como lo más trascendente de cuanto dijo ayer. La labor es compleja. No se trata solo de entregar un cheque de 400 euros a los nuevos papás. Ni de 4.000. Lo que hoy padecemos de falta de proyecto y exceso de cheques es un reflejo fiel del fracaso de las políticas demográficas de todos los anteriores gobiernos. Porque combatir la tendencia demográfica regresiva que nos devora desde hace décadas, no puede verse solo como un problema estrictamente demográfico. La situación de yermo en que se encuentra parte de nuestro territorio evidencia que no se ha sabido abordar el problema. Hubiera bastado con mirar las políticas que otras comunidades pusieron en marcha y que les proporcionaron extraordinarios resultados. Pero preferimos seguir a lo nuestro, subvencionando la Festa da Filloa y despreciando un modelo de país creíble. Un modelo basado en el sentimiento de identidad, arraigo, y orgullo y aliñado con un futuro ilusionante con trabajo estable, vivienda, buena sanidad, mejor educación y, en definitiva, un reino habitable. Pero para eso hay que tener proyecto de país. Y no sé yo si lo habrá también ahora.
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