Netanyahu se ha disculpado con el Gobierno estadounidense y su vicepresidente Biden por el momento y la forma en que se produjo el anuncio de la construcción de nuevos asentamientos judíos en Jerusalén Este, pero no por su contenido. De hecho, con posterioridad ha ratificado una decisión que sigue la política israelí desde 1967 argumentando que estas edificaciones en nada perjudican a la población palestina de la zona. Este comunicado ha hecho trizas el esfuerzo negociador desplegado por la Administración Obama desde su desembarco en Washington para sentar, de manera informal, a judíos y palestinos, y pone en un brete el período de relativa calma en los territorios ocupados.
El Gobierno conservador que lidera Benjamín Netanyahu ha primado su coalición con la extrema derecha sobre su relación con Estados Unidos confiando en que los otros intereses comunes de ambos países, como el desarrollo nuclear iraní, acabarán por acercarles, a pesar de las graves diferencias sobre la cuestión palestina. Sin embargo, una segunda lectura evidencia que Netanyahu y sus aliados -que no todos los israelíes- no quieren la paz con los palestinos y no les preocupan en absoluto los gestos de buena voluntad con vistas a cualquier negociación. En el peor de los casos solo tienen que esperar a un nuevo presidente, republicano, más afín a sus intereses.
Al actual primer ministro judío le salen las cuentas con esta provocación. En primer lugar, mantiene la tensión con los palestinos para distraer la atención de sus ciudadanos ante la crisis económica. En segundo lugar, da una imagen de cohesión y fortaleza de un Gobierno formado por una amalgama de múltiples partidos susceptible de zozobrar en cualquier momento.
En tercer lugar, fomenta la disensión entre los palestinos que quieren reaccionar de manera violenta y los que prefieren la prudencia, lo que dificultará que puedan recuperarse, reconstruir sus viviendas e infraestructuras y estabilizarse hasta constituir una única fuerza negociadora. Y en cuarto lugar, la previsible condena palestina le permitirá justificar su rechazo al reconocimiento de dos Estados iguales. Sin duda, parafraseando a Maquiavelo, los fines justifican el medio.
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