Se están produciendo hechos y señales que avisan de que algo importante está sucediendo, que puede afectar a la vida y desarrollo de los pueblos en este tiempo de la segunda década del siglo XXI. La realidad es aleatoria, pero este analista estratégico que desde hace años viene aportando sus extractados análisis a La Voz de Galicia, prefiere presentar la realidad, aunque parezca pesimista, porque así los problemas se pueden prevenir o al menos conocer, mejor que mirar para otro lado.
Mientras en Washington rezaban por la paz mundial, en Irán lanzaban un misil de largo alcance al espacio, en Turquía se reunía la OTAN para preparar la ofensiva de Afganistán, y en París se confabulaban los líderes de Francia y Alemania para reforzar sus posturas. De pronto la debacle de las bolsas muestra la interpretación de cómo los dineros acusan la situación internacional.
Ahora, con una perspectiva propia, española y europea, cuando la UE de 27 países, con distintos intereses para enfrentarse a problemas globales, como la gran crisis, las guerras en el exterior o el cambio climático, es evidente que ante un escenario internacional revolucionado, con un orden político, social y económico que se mueve sin control, deberíamos actuar unidos, en vez del «sálvese quien pueda» que van a practicar con las ochenta medidas propuestas por Merkel y Sarkozy para salir de la crisis y potenciar sus respectivos países en el Consejo de Seguridad de la ONU. Porque en eso consiste el eje París-Berlín.
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