Zapatero está en caída libre, según las encuestas y los dichos de cafetería. Yo no estoy tan seguro, a la vista de cómo se produce su pérdida de votos: se marchan a Izquierda Unida y a Rosa Díez y, por tanto, pueden volver en cuanto se ponga en marcha el voto útil. Pero, bueno, aceptemos lo que acepta todo el mundo: que Zapatero está en caída libre. Por tanto, para relevarlo en la Moncloa, Mariano Rajoy no necesita hacer nada: le basta con asistir al deterioro de su adversario, golpearlo y limitarse a recoger los frutos de su decadencia. Ahora lo tiene facilísimo: le basta con explotar un mal día de Bolsa, una crítica del Financial Times o el estado de ánimo del país. Con eso, no gana ni un voto (véase el barómetro del CIS); pero, como el PSOE los pierde, se pone de primero en la carrera. Es fantástico. Nunca tan pequeño esfuerzo se encontró con premio tan generoso.
Lo que algunos nos preguntamos es lo siguiente: si el Gobierno es tan desastroso como dicen; si bastantes ministros son tan ineptos como se pregona; si Zapatero es tan inútil como le escuchamos a diario a Rajoy, Cospedal, Soraya y Pons, ¿por qué no lo apartan del poder? ¿Por qué no se lo cargan? Durante la semana horribilis, acariciaron todas las iniciativas posibles. Se lanzó la idea de la moción de censura; pero, ay, no tienen apoyos, como si Rajoy asustara más que Zapatero. Hablaron de adelanto de elecciones, pero no encontraron seguidores. Pidieron la dimisión de ZP y lo corearon en algún mitin, pero no pasó de una emotiva escena. Propusieron que otro socialista cogiera las riendas del poder, pero el PSOE no le hará esa faena al líder.
Como ya no quedaron más ideas en el zurrón, Mariano Rajoy cambió el discurso de la gran ofensiva, y lo dejó todo en una exigencia: que Zapatero vaya al Congreso y explique su hoja de ruta. De echar a Zapatero por ser una desgracia, a pedir que hable a ver si tiene gracia. En eso consistió la alternativa de la derecha en momentos en que parecía que asistíamos al hundimiento del país. Y todo ello, en el plazo de tres días hábiles, no más. Conclusión política: el PP se conforma con ver pasar el cadáver de su adversario, con verlo cocer en su propia salsa y con recoger los beneficios sin esfuerzo. Problema de futuro: como la economía se recupere antes de las elecciones, el PP se quedará sin discurso. Consecuencia para el país: si la llegada del PP al Gobierno depende solo de ese factor, cualquier buena noticia económica para el país, será mala noticia para la oposición. Temor que albergo: que, aunque la economía ofrezca datos de esperanza, alguien tendrá que decir que va mal, porque la bondad beneficia a Zapatero. No me digan que no es un maleficio nacional.
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