En las elecciones generales del año 2004, el PSOE le ganó al PP únicamente en cuatro comunidades autónomas, en las que consiguió una ventaja de 35 escaños. Estas comunidades fueron: Cataluña, Andalucía, el País Vasco y Aragón. Cuatro años después, en las elecciones generales del año 2008, el PSOE volvió a ganar en las mismas comunidades y además en Canarias, aumentando su ventaja hasta los 38 escaños en estos territorios. En esas elecciones, el PSC-PSOE consiguió en Cataluña 25 diputados, 17 más de los que obtuvo el PP: Cataluña es la comunidad autónoma que mayor ventaja proporciona al PSOE sobre el PP en las elecciones generales.
Esta debiera ser, para el presidente de la Generalitat, José Montilla, una consideración esencial a la hora de planificar las elecciones autonómicas de este año, si es que el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) y el PSOE comparten intereses electorales. Decimos esto porque los datos del último barómetro de la Generalitat, y otras encuestas privadas, dibujan un escenario preelectoral donde el PSC defiende bien sus 37 escaños de las últimas elecciones autonómicas, pero retrocedería cinco en las elecciones generales.
Es verdad que la única forma que tienen los socialistas de no depender de terceros en Cataluña es consiguiendo votos entre el electorado característico de CiU, lo que debe hacerse desde una posición que defienda, de alguna manera, el hecho diferencial catalán, aunque sin perder de vista que cuatro de cada diez votantes del PSC son declaradamente contrarios a la idea de que Cataluña evolucione hacia la forma de Estado, para posteriormente confederarse o independizarse, tal como indican los datos del último barómetro de la Generalitat. También es cierto que el PSC y el PP ocupan espacios políticos muy distantes en Cataluña, no existen transferencias de voto entre ambos partidos, lo que abunda en la idea de que, aparentemente, los socialistas pueden acercarse al electorado nacionalista sin correr grandes riesgos, y que no hay otro lugar donde buscar más votos.
Sin embargo, Montilla se equivoca y su error es doble. La respuesta unánime que plantea a una sentencia adversa del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de autonomía, desprotege a casi 600.000 de sus electores, cuya nación no es Cataluña, sino España. En el PSC saben que estos electores suelen abstenerse en elecciones autonómicas, pero no es normal renunciar a ellos de antemano, insistiendo con una redefinición de conceptos sobre cuestiones territoriales que implicaría suprimir las diputaciones provinciales. Indirectamente, la posición neonacionalista del PSC dificulta la incorporación de estos electores al voto socialista en unas elecciones generales.
Pero el gran error es otro. Montilla salva los muebles con sus 37 o 38 diputados autonómicos, pero fulmina el tripartito: el PSC aterriza en los dominios de ERC, sus imágenes se superponen y confunden, lo que produce una ligera transferencia de voto republicano hacia el lugar seguro nacionalista, CiU, que les cuesta 3 escaños, y arruina la aritmética poselectoral de los socialistas catalanes.
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