Si las cajas gallegas quisiesen fusionarse, y su situación financiera no fuese un obstáculo para ello, el acuerdo de recurrir la Lei Feijoo, adoptado ayer por el Consejo de Ministros, no tendría ninguna importancia, ya que la ley vigente permite realizar dicha operación, y el FROB está operativo hasta junio. El problema es que las cajas no quieren fusionarse -una ya ha dicho que no y la otra no ha dicho que sí-, y que la operación galeguidade , impulsada por PP, BNG, CEG, CIG, CC.?OO. y UGT, no está avalada por los consejos de administración ni por los dirigentes de las cajas. Por eso hay que decir que la fusión no está paralizada por el recurso, sino por las decisiones e indecisiones -según se mire- de sus protagonistas esenciales.
El informe del Consejo de Estado, redactado por Landelino Lavilla, es de una contundencia jurídica inapelable, y el propio manifiesto Galicia ten dereito, al reconocer que apuesta por el control político del sistema financiero gallego -eso es la galeguidade-, avala, de forma indirecta, la decisión de recurrir. Porque, aunque duela decirlo, la Lei Feijoo no fue hecha para llevar a cabo una fusión voluntaria, sino para forzar, con estrategias ad hoc y argumentos ad hóminem, una f usión que las entidades implicadas se niegan a impulsar.
Y esa es la razón por la que el proyecto de ley del BNG, que el PP adoptó como suyo, incurrió en graves errores, ya que, si hablásemos solo en términos jurídicos, a la Xunta le hubiese bastado un dictamen de su Asesoría Xurídica, o de un becario en prácticas, para saber que la enorme vis política que se le quiso insuflar a la ley era el mejor testigo de cargo de su desvío constitucional. Y, puestos a ser realistas, tampoco estaría de más recordar que el primero que amenazó con ir al conflicto de constitucionalidad, denunciando el FROB, fue Feijoo.
Es cierto que, siguiendo la senda Aguirre, aún se puede negociar. Pero, teniendo en cuenta que los cambios tendrían que ser sustantivos, que la situación financiera subyacente no está nada clara, que el apoyo del BNG a la rectificación no está garantizado y que el proceso que puede darle virtualidad a la negociación no va a prestigiar la operación ahora frustrada, creo que la Xunta debería medir mucho sus pasos antes de decir Diego donde dijo digo .
Lo que no sirve de nada es llamarse a andanas y decir que nos aldraxan. Porque el muy deseable proceso de fusión se enfocó mal desde el principio, y porque su más que predecible fracaso solo puede achacarse a dos cosas: a que los números y los localismos lo hagan imposible, o a que faltaron tacto e inteligencia desde el principio hasta el fin. Y, cualquiera que sea el diagnóstico, la Xunta no queda bien.
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