Vamos hacia atrás como los cangrejos. No falla. Lo primero que atacan los dictadores son los medios de comunicación y las universidades. El independentismo gallego, que actúa con métodos violentos como las dictaduras y que no tiene representatividad en las urnas, ha vuelto a violentar al articulista y catedrático Roberto Blanco Valdés, que reúne ambas condiciones, la académica y la de comunicador. Le han atacado a él y a su familia, solo por pensar diferente. ¿De qué es culpable? ¿De un delito de pensamiento? Es una vergüenza que el peor matonismo se dé en el siglo XXI. Es despreciable que se utilicen artefactos incendiarios contra la libertad de ideas y la expresión de estas. Quienes lo han hecho son delincuentes. Ya le habían tapiado su despacho en la universidad. Y ahora atacan su domicilio de forma reincidente. La policía tiene que poner todos los medios para que no vuelva a suceder. Los culpables están muy equivocados. Lo que tienen en la cabeza no son ideas ni ideales. Por cabeza tienen esos artefactos explosivos que colocaron. Los que no gustan del pensamiento de Blanco Valdés deben ser los primeros en condenar a estos salvajes, si de verdad estamos en una sociedad democrática. Si no es así, será cierto que vivimos en una piscina de lodo. Y es imposible que Galicia avance hacia el futuro nadando en una ciénaga. Los culpables son mentes dementes. Aprendices de Hitler.
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