Galicia sigue padeciendo embestidas alimentadas ideológica o interesadamente por fuerzas foráneas que, sin necesidad de agresión explícita, provocan luchas localistas y fratricidas.
De rabiosa actualidad es el artificial conflicto que se desea crear entre dos poblaciones muy ligadas por su situación privilegiada en la red y tradición ferroviaria. Nadie dude que estoy refiriéndome a Ourense desde 1881 y Monforte desde 1883.
Por la misma falta de planificación que aplicó tarde la solución del transporte de viajeros en alta velocidad a la Meseta, surge ahora la disyuntiva de por dónde transcurrirán las mercancías que deban transitar entre Galicia, sus puertos y la Meseta. Hay que poner proa a la falsedad del problema, pues igual que disponemos de una autovía para relacionarnos con la Meseta por el norte, y otra por el sur, en el caso del ferrocarril también disponemos de línea para salir hacia el norte, vía León, y otra, vía Zamora, para relacionarnos con el centro y el sur.
El asunto, por tratarse de mercancías, se traduce más en economía de costes, pero también en rapidez, por lo que hay que convenir, y defender, que los trenes usen el camino más rentable para los clientes: empresas y usuarios, con independencia del interés particular que pueda tener la empresa transportista. Una vez que las autopistas del mar resolverán el grueso del transporte con Europa, las necesidades y mayores flujos de transporte ferroviario de Galicia se darán con el espacio centro-mediterráneo desde Barcelona a Huelva, incluyendo la propia capital Madrid.
La diferencia de accesibilidad a esos destinos oscila desde los 46 kilómetros (Ferrol) y 96 kilómetros (A Coruña), hasta 150 todos los demás puertos y ciudades, siempre a favor de la vía Zamora respecto de la vía León. Además, es una línea férrea que es más favorable por trazado y pendientes que la angosta y serpenteante del Sil-Manzanal.
Cualquiera comprobará que en Monforte no se generan ni reciben cargas significativas, y tampoco se maniobran trenes, al ser el 98% pasantes, y que solo algunos aguardan unas horas su surco de circulación. Monforte mantendrá el paso de todos los trenes que desde Galicia se dirijan al norte, especialmente al País Vasco o Aragón. La pérdida en resumen, es nula o reducida, frente al alto coste que el transporte ferroviario tiene para Galicia desde que Renfe concentró su negocio vía León.
¿Y qué pinta León en todo esto? Es fácil de entender: perdería el control y gestión de los tráficos de gran parte de los trenes de Galicia -los propios son escasos-, que circularían vía Zamora, y, al ser depósito de locomotoras y residencia de personal de conducción, se estaría poniendo en riesgo, y creando incomodidad al mismo, al perder los ingresos de cada 150 toneladas-kilómetro de más en la tarifa, que abonamos en Galicia, para mantener su estatus.
Tal vez el departamento de comunicación de Renfe-Operadora para Galicia debería explicárnoslo con más detalle, pues, curiosamente, también tiene su sede en León.
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