G erardo Díaz Ferrán es uno de los hombres meritorios de este país. Y déjenme decirlo: un gallego de segunda generación que supo construir un imperio de la nada. Su padre era natural de un pueblo de Lugo y un día decidió emigrar a Madrid. No tenía un duro, e hizo el viaje a pie, como tantos emigrantes de la época. Reventó los pies por los caminos de su provincia, los de León y parte de Castilla. Trabajó en lo que pudo, y su hijo hace de cada uno de sus pasos un homenaje a aquel aldeano que decidió conquistar la capital.
Díaz Ferrán se convirtió en uno de los grandes del negocio turístico, presidió a los empresarios de Madrid y se ganó a pulso la representación de todos los empresarios de España el día que fue elegido presidente de la CEOE. Hoy vive el momento más duro de su vida. Algunas de sus empresas fueron tocadas por la recesión, vencieron las deudas, debe a Caja Madrid algo así como 26 millones de euros, la caja se plantea su cese como consejero y él mismo planteó ayer su dimisión como presidente de los empresarios. Sus compañeros no se la aceptaron. Sigue como líder, y es el ejemplo claro de una víctima de la crisis económica. Las adversidades de los mercados son capaces de arruinar la más sólida estructura empresarial y la más valiosa biografía personal.
En torno a su persona se abrió una polémica inevitable: ¿debe presidir a los empresarios un hombre que quizá dependa de favores públicos para sacar adelante sus empresas? Las opiniones están divididas, y él lo sabe. De ahí el gesto de poner su cargo a disposición de quienes lo eligieron. Yo solo digo: si solo puede presidir la CEOE una persona de economía saneada, que no dependa para nada de las Administraciones Públicas o que no duerma pensando en los plazos de sus créditos, no habría ni una docena de aspirantes perfectos al cargo. Se habla mucho, y con toda lógica, de la acumulación de parados. Hay que confeccionar la estadística de emprendedores, tantas veces héroes, que tienen que hacer ejercicios malabares para sostener sus empresas y tienen que comprometer su patrimonio personal para conservar los puestos de trabajo. Los bancos sí tienen ese dato.
Creo que la CEOE hace bien en mantener a Díaz Ferrán. De la misma forma que para dirigir al país es recomendable haber pagado una nómina en la vida, para recoger las demandas del empresario hay que saber lo que es el vencimiento de un crédito. Solo así se sacan fuerzas para defender esos intereses ante un Gobierno que solo conoce las empresas por informes y ante unos sindicatos que defienden otras cosas. Para saber qué es la crisis, hay que sufrirla. Y Gerardo Díaz Ferrán la sufre. En este momento, representa muy bien al empresariado de este país.
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