La mayoría de las cajas de ahorros españolas están considerando la necesidad de reforzar sus estructuras, mejorar la eficiencia funcional y reforzar la solvencia ante la perspectiva de que la economía española continúe deteriorándose, con efectos perversos sobre la morosidad. Todos los informes de las agencias de clasificación mantienen en negativo su consideración sobre el sistema financiero español mientras el Banco de España anuncia el incremento de la morosidad debido al reajuste del sector inmobiliario, que todavía no ha concluido entre los promotores, al tiempo que el crédito hipotecario a las familias comienza a entrar en insolvencia a consecuencia del paro creciente. Sin considerar la valoración a precio real de mercado, que llevaría a bastantes entidades a una grave situación, es evidente que el reajuste a precios actuales de los activos inmobiliarios, tanto los que lucen en balance como los escondidos en sociedades afines para aligerar cuentas, crearían en general desequilibrios en balance, de corrección imposible por falta de recursos.
Si a esto añadimos las perspectivas de los analistas más solventes anticipando que la actividad económica continuará sin repuntar unos tres años, repercutiendo negativamente en la actividad de las entidades de crédito, mientras los tipos de interés van a subir muy pronto, aumentando las cargas de financiación de un sector financiero fuertemente endeudado, tenemos ante nosotros un panorama preocupante. Pero no parecen considerarlo así ni las entidades afectadas, ni las autoridades competentes ni los beneficiarios del crédito, preocupados exclusivamente de mantener su financiación, a poder ser a dos carrillos, por duplicidad de entidades autóctonas.
Todos los informes conocidos sobre la posible fusión de las cajas gallegas responden a los mismos intereses e inspiración. En todos se ve la misma mano: descartar la fusión de las cajas porque afectaría al crédito a las empresas. Y esto no es cierto. Cada empresa tiene una calificación global que no tiene por qué verse afectada. Tampoco son de recibo las apelaciones sobre posible disminución de la competencia por la fusión. La densidad bancaria en Galicia es más que suficiente para que la concentración de dos entidades, por mucha cuota de mercado que tengan, afecte al nivel actual de oferta. Tampoco son muy consistentes las recientes sugerencias de los gurús en A Coruña, pues en cada lugar y sobre el mismo asunto dicen lo contrario, a gusto del consumidor. Efectivamente, entraña sacrificios en cierre de oficinas y prejubilaciones de personal. Precisamente el FROB facilita recursos para afrontar estas situaciones y afrontar unos años difíciles en que más de una entidad puede quedar en el camino.
La fusión de las dos cajas gallegas, con los reajustes necesarios, concluiría en una nueva caja, gallega por los cuatro costados, en lugar destacado en el ránking nacional. Yo echo de menos que los protagonistas no ofrezcan un informe de viabilidad de ambas cajas por separado, de su fusión y de las ventajas del sistema institucional de protección (SIP), que es un subterfugio para mantener cargos, sede y marca, pero de menguados resultados económicos, como la experiencia confirma.
En Galicia tienen acreditada ejecutoria Caixa Galicia, con sede en A Coruña, y Caixanova, con sede en Vigo. Una vez más A Coruña y Vigo, Vigo y A Coruña, polarizan las esperanzas y también las decepciones gallegas; de momento, incapaces de actuar conjuntamente, de remar en la misma dirección, en una decisión vital para la economía de Galicia. Apelamos a la generosidad de las cajas para una solución equitativa. Resuelto esto, la fijación de las sedes es secundario.
El recurso al SIP que en este momento parece que exploran las dos cajas gallegas es una mala solución para Galicia, como el tiempo, más pronto que tarde, confirmará. Conlleva la creación de una sociedad fuera de Galicia que regulará los aspectos más importantes de la actividad. Es llevar fuera de Galicia el centro de decisión. Es fundir el sector financiero gallego. Es iniciar el camino para perder nuestra independencia financiera, añadiendo un fracaso más como el que sufrimos con Fenosa, precisamente de la mano de Caixanova.
Todos esperamos expectantes la posición de la Xunta de Galicia. El señor Feijoo tiene la palabra y la responsabilidad. No dudamos que actúe en beneficio de los intereses de Galicia sobre cualquier otra consideración partidaria, para evitar un nuevo quebranto en la economía gallega. Perdimos el sector energético, tanto hidráulico como eólico. Fenosa es catalana. As Pontes de García Rodríguez, italiana. El sector lácteo languidece. La ganadería, abandonada. La pesca, en crecientes dificultades. Si a ello añadimos el ahorro gallego compartido con intereses foráneos, cerraremos el cuadro de nuestra tragedia.
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