Hay malas causas que cabe defender con argumentos respetables (por ejemplo, pretender que el que las chicas de 16 a 18 años puedan abortar sin conocimiento de sus padres es una manifestación de la libertad de la mujer) y buenas causas sostenidas en razonamientos cargados por el diablo, de esos que en lugar de simpatía generan lo contrario: sin ir más lejos, recurrir al localismo para justificar la urgente necesidad de crear más facultades de Medicina en la comunidad autónoma gallega.
Por tal razón, si hemos de discutir sobre ese asunto cabalmente, el peor argumento es, desde luego, el de que los alcaldes vigués y coruñés, o sus corporaciones respectivas, o los grupos de presión de las dos grandes urbes de Galicia, exigen que se instale una facultad de Medicina en sus ciudades. «Las facultades no son de las ciudades, son de los gallegos», dijo el viernes el presidente de la Xunta, equivocándose solo por defecto. Y es que, en realidad, en un sistema integrado con distrito universitario nacional, las facultades son de todos los ciudadanos españoles.
¿Deben crearse en Galicia nuevas facultades de Medicina? Déjenme darles algunos datos para que juzguen por sí mismos: un estudio del Ministerio de Sanidad del año 2007 revelaba que en el 2015 el déficit de médicos en España podría llegar a los 25.000. Dos años después, en marzo pasado, Bernat Soria, ministro de Sanidad a la sazón, informaba de que el déficit de médicos ascendía en España a unos 3.200 y hacía un llamamiento para aumentar las plazas universitarias disponibles. Soria subrayaba, además, el pasmoso contraste entre el número de médicos que se licencian cada año (unos 4.000) y la cantidad de plazas MIR que deben ser cubiertas anualmente (7.000), lo que obliga a recurrir a titulados extranjeros. Este mismo año, la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos preveía que en el 2019 el 58% de los médicos sobrepasaría los 50 años en España.
A todos esos datos debería añadirse otro que resulta sangrante hasta el extremo: que el déficit de plazas para cursar Medicina en nuestra comunidad -agudizado por la delirante política del rectorado santiagués con los estudiantes portugueses- hace que los mejores alumnos de Galicia deban elegir entre estudiar esa carrera fuera de España, en otras regiones españolas o renunciar a su vocación, si sus padres carecen de medios económicos.
¿Es, pues, localista pedir nuevas facultades de Medicina? Para nada. Localismo es negarse, con argumentos territoriales o corporativos, a que se creen en un país donde el déficit de médicos aumenta al mismo ritmo que el número de jóvenes altamente preparados para estudiar Medicina que no pueden titularse por no tener dónde estudiar. ¡Una vergüenza!
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