El cruce de acusaciones entre el PP y el PSOE, que las calores de estos días han subido de tono, admite dos perspectivas netamente diferentes, trascendente la primera, y muy relativa -o de pura coña- la segunda.
La visión trascendente, muy propia de becarios en prácticas o de políticos de guardia que están obligados a disparar sobre todas las piezas que levantan los perdigueros, quiere convencernos de que las acusaciones no probadas de Rajoy, que implican en la conspiración contra el PP a todo bicho viviente, son un gravísimo ataque contra el sistema democrático. Y, en este contexto, la contundente respuesta de Rubalcaba, al que solo le faltó envolverse en la bandera de España, no sería más que la apropiada defensa de nuestro sistema institucional hecha con la buena retórica -a veces irónica y a veces acerada- que caracteriza al ministro del Interior.
La visión relativa, a la que nos apuntamos la mayoría de los comentaristas experimentados y los políticos que ya estuvieron en muchas batallas, viene a decirnos que es una pelea de exhibición ?-más amañada que fiera- con la que los renombrados púgiles del PP y del PSOE tratan de satisfacer a sus públicos respectivos. La sangre -creemos- no llegará al río, ya que todos los guerreros que son llamados ocasionalmente a la contienda -como Pajín y Cospedal- se darán por satisfechos si consiguen mantener los rescoldos de su guerra -son Gobierno y oposición, y viven de eso- hasta que vuelvan los jefes y empiece la que se prevé larga y feroz campaña de invierno. Los jueces, tal como son, no están para llamarse a andanas, y hacen muy bien disfrutando de sus vacaciones y manteniéndose al margen. Y la policía, además de invocar su pundonor y la obediencia debida, ya tiene a Rubalcaba para defender su profesionalidad. Y por eso creo que los ciudadanos haríamos bien situándonos en la segunda perspectiva, esa que todo lo relativiza, para decir que, por nosotros, que sigan atizándose, haciendo caso omiso de toda cultura institucional y toda presunción de inocencia. Porque la política es otra cosa, y para debates serios ya tenemos la crisis, la ETA, las cajas de ahorros, los modelos educativos y los parques eólicos.
Ello no obstante, no quiero cerrar este asunto sin llamar la atención sobre el matiz. Porque, mientras el PSOE habla de espionaje, que es término laico y muy apropiado a las nuevas ínfulas activamente secularizadoras del ministro Caamaño, Rajoy habla de «inquisición contra el PP», que es término confesional, puramente cristiano, y conecta el tema con el largo proceso de construcción de la unidad del Estado, entre Cisneros y Rouco Varela. Otra vez las dos Españas, sin que yo sepa muy bien con cuál quedarme.
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