Se ha publicado recientemente en castellano un libro apasionante, La primera palabra, de Christine Kenneally, doctora en lingüística por la Universidad de Cambridge, cuyo fin es reflexionar sobre el origen del lenguaje. De las muchas conclusiones que cabe obtener tras su lectura destaca una que la autora da sencillamente por supuesta como punto de partida de su análisis: que el lenguaje -el de los humanos, desde luego, pero también el que se atribuye a otros seres inferiores como su posible antecedente- tiene por finalidad esencial la comunicación.
Es esa una evidencia tan palmaria que sorprende la facilidad con la que en España hemos aceptado que las lenguas sean también instrumentos de manipulación política (de artificial construcción de identidades) aunque ello sea a costa de eliminar su utilidad para que las personas puedan entenderse.
Lo ocurrido con los denominados procesos de normalización lingüística en el País Vasco, Galicia o Cataluña lo demuestra sin posible apelación. Y así, aunque parece claro que en el ámbito lingüístico lo normal sería respetar la libertad de cada uno, esa libertad ha debido ceder ante los intereses superiores de las mal llamadas lenguas propias, que, decretados por las autoridades políticas de turno, han acabado por ser la coartada para absurdos e injustos atropellos.
Uno de ellos acaba de ser denunciado por el Valedor do Pobo de Galicia, quien, con razón, ha sugerido a la Consellería de Sanidade que la información en materia de salud se suministre también en castellano.
Para cualquiera que no conozca las claves disparatadas del delirio lingüístico en que vivimos en algunas regiones españolas desde hace más de veinte años la petición podría resultar incomprensible. Pues, ¿cuál debe ser la finalidad de cualquier campaña informativa? No es complicado: informar a la ciudadanía. ¿Cómo debe informarse a la ciudadanía? Parece obvio: de un modo que le resulte inteligible. ¿Y qué hay que hacer en Galicia para alcanzar tal meta? Es público y notorio: informar en los dos idiomas en los que hablamos los gallegos.
¿Por qué, violando flagrantemente la cooficialidad prevista en la Constitución y el Estatuto de Galicia, se informa, sin embargo, solo en uno de los dos idiomas del país? Ustedes lo saben como yo: porque cualquier campaña pública debe anteponer a su propósito material (sea este el que sea) el objetivo prioritario de contribuir a esa normalización lingüística que ha convertido a Galicia -desde hace mucho, un país bilingüe- en un país esquizofrénico, donde una cosa es la realidad y otra su falsa apariencia oficial. Un país donde, para pasmo de mucha gente sensata, la lengua ha acabado convirtiéndose en un vehículo de incomunicación.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios