Esto de la financiación autonómica es para volverse majara. Por pura prevención, ya he pedido hora en el psiquiatra, y espero encontrar allí a Elena Salgado. Cuando me pongo a escribir esta crónica, los criterios de los protagonistas no pueden ser más dispares. Zapatero dice que le va a salir una financiación cosa fina, pata negra, guay, de orfebrería y sobresaliente cum laude. No cabe en sí de gozo. Supongo que alguien le aumenta su natural optimista, porque le acabo de oír a Núñez Feijoo que la financiación va a ser un desastre, avisa de que puede haber sorpresas desagradables el día 14 y califica lo pactado hasta ahora (con Cataluña) como una deslealtad.
Ahora, póngase el lector en la piel del cronista. Por patriotismo gallego, tengo que estar con Feijoo, que para eso es mi presidente y defiende los intereses de Galicia. Por lógica informativa, debo creer a Zapatero, que para eso es el presidente del Gobierno de España, sabe lo que ha cedido y por qué lo ha cedido y dispone de más información que todos juntos. ¿Me dejo llevar por el patriotismo gallego, o confío una vez más en el inquilino de la Moncloa?
Todavía tengo más dudas, y estas son de lealtad a la tierra. A mí me parece que tiene bastante lógica que la comunidad que tiene más personas que atender (Madrid, Cataluña, Andalucía) reciba más dinero que quien tiene menos población. Como decía Churchill de la democracia, es el peor de los criterios?, exceptuando todos los demás. También me parece defendible que, si los ciudadanos y las empresas de alguna de las comunidades aportan más al Estado con sus impuestos, el Estado les devuelva más en servicios. Puede parecer injusto a las demás autonomías, pero tiene lógica. Esos ciudadanos que pagan más tendrían derecho a protestar si recibieran menos o igual que los otros.
Tendrían incluso razones para desear separarse de un Estado que no les da tanto como les saca. ¿Me entienden?
Y expresadas estas dudas que espero me resuelva el psiquiatra, hay algo que ahora mismo me empieza a inquietar más: se espera la financiación autonómica como si fuera la panacea de todos los males, o la lotería de la tómbola de Zapatero que nos va a sacar de pobres.
Por las declaraciones que veo en la prensa, parece que Cataluña dejará de estar en decadencia porque le suben la asignación en tres mil millones. Pues no: por muchos millones que le ceda el Estado, Cataluña seguirá decayendo si su sociedad civil no reacciona; si sus emprendedores no recuperan el espíritu de competencia y la capacidad de iniciativa que tuvieron; o si sus políticos consumen su energía en cuestiones identitarias y no estimulan el empuje social. Y lo que digo de Cataluña, vale para cualquier otra región.
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