Cuando ya se han cumplido más de 70 días del mandato de Núñez Feijoo, cunde la sensación de que su Ejecutivo mira mucho por el retrovisor y menos a las tremendas curvas que hay en la carretera de un mundo en recesión. El grueso del discurso continúa centrado en los errores del bipartito, en airear los malos pasos de aquel Gobierno bipolar (que los hubo, y muchos). Para asentar un nuevo estilo se ha elegido como mantra la palabra austeridad. A veces es real (recorte de las consellerías, tiento en el gasto). Pero en otras, la celebérrima austeridad semeja un gesto para la galería, llegando a orillarse el resbaladizo campo de la demagogia. Tal sucede con el desmedido y desenfocado acento sobre los coches oficiales de la Xunta.
Dos datos que permitirían acabar aquí este artículo:
1) El ahorro que va a lograr el Gobierno gallego subastando las berlinas oficiales de la Xunta es 1,5 millones en toda la legislatura (375.000 euros al año).
2) Ese mismo Gobierno pretende licitar en octubre la urbanización del Gaiás con un gasto de 43 millones.
¿Dónde está la austeridad?
Los coches oficiales alemanes son calderilla comparados con otros dispendios que siguen en pie (Gaiás, chiringuitos de la Administración paralela, una televisión pública de cuyo coste ya ni se habla...). El discurso de los Audis flaquea. Si el bipartito compró 3, antes Fraga ya había comprado 20. Por un mero regate electoral, ahora se va a malvender un patrimonio de todos los gallegos, que ya había sido pagado. Por otra parte, que un presidente cuente con una berlina reforzada y cómoda no es ninguna extravagancia política: es lo habitual. Por último, se está dañando de manera gratuita el prestigio de una marca, Audi, que en sus cien años de existencia ha logrado por sus méritos situarse en la cima mundial de la gama premium (un Audi V8 blindado era, por ejemplo, el coche que le salvó la vida a Aznar cuando ETA hizo explotar a su paso una bomba de 25 kilos en 1995). Tampoco es elegante, ni con los gallegos ni con el fabricante, el gesto displicente de mostrar la berlina que usaba Touriño cubierta de polvo y con bromas pintadas a dedo en su capó. Una gansada de instituto chocante en un Gobierno.
Pero los coches son solo la espuma del tema de fondo: el Gobierno está distraído y todavía no ha arrancado. Mientras nos enredamos con encuestas, mausoleos y parques móviles, ahí sigue Galicia, un país que solo capta el 0,06% de la inversión extranjera que llega a España; con una clase empresarial acogotada por la crisis hasta extremos que ni se sospechan; con lagunas medioambientales sonrojantes; con una negociación durísima sobre financiación autonómica encima de la mesa. Galicia, sí, donde los astilleros de Vigo llevan casi un mes cerrados, con pérdidas de centenares de millones, mientras el Gobierno saca pecho... porque va a sortear su parque móvil.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios