Otra conquista de los socialistas y otro posible problema para el señor Zapatero. La conquista tiene nombre de mujer y se llama Rosa Aguilar. El problema es que Izquierda Unida siente que le han robado parte de su patrimonio. Rosa Aguilar, como saben, se dejó seducir (políticamente) por José Antonio Griñán y aceptó formar parte de su Gobierno como consejera de Obras Públicas. Será la José Blanco (bueno, la Agustín Hernández) de Andalucía. Es un hecho insólito en las costumbres políticas españolas. Ningún militante de un partido había entrado en un gobierno de color distinto, salvo, naturalmente, en caso de coalición. Es más: ningún partido de oposición, aunque sea afín al Gobierno, está dispuesto a aceptar que uno de los suyos pase a colaborar -y a cobrar- en un gobierno ajeno. El último ejemplo lo hemos visto en el fichaje de Guardans como director general de Cine. Las Juventudes de Convergencia pidieron su expulsión.
A esa cultura se une lo siguiente en el caso de Rosa Aguilar: que es uno de los grandes valores de Izquierda Unida; que irse a un gobierno socialista supone un golpe a la credibilidad de esa formación; que tiene el aspecto de una dirigente que huye y se refugia en un puerto de más abrigo, y que pierden una alcaldesa emblemática, respetada y popular. Y por ello, tanto Rosa como el Gobierno andaluz han sido muy criticados por los actuales y los anteriores dirigentes de IU. Entre ellos, Gaspar Llamazares, que ocupa un escaño en el Congreso de los Diputados; un escaño que en estos momentos vale una fortuna, por la necesidad de apoyos que demuestra cada día Zapatero.
Y ahí es donde puede estar el problema de futuro. Los socialistas han perdido el respaldo de la minoría vasca, porque el PNV es desalojado del poder en Vitoria. ¿Pueden perder también el apoyo de Izquierda Unida? No es lo mismo, evidentemente. No es igual una alcaldesa que un lendakari. No se conecta igual con el socialismo desde una derecha católica y nacionalista que desde los últimos restos que quedan del barco de la izquierda estatal. Pero los escaños, como las habas, están contados. Un escaño vale lo que su ocupante pida por él. Y la ley de la oferta y la demanda va a poner su precio por las nubes. Tan por las nubes que puede costar miles de millones de euros de financiación autonómica. Si Cayo Lara, además de hablar por los codos, respira por ese siete que le acaban de abrir y corresponde al PSOE con el castigo por el «robo» de Rosa Aguilar, Zapatero tampoco podrá soñar con sumar 176 diputados de izquierda. Eso es lo que ahora entra en juego. De esta forma, una hábil estrategia del PSOE para ganar todo el voto «rojo» de Andalucía se puede convertir en su peor inversión.
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