El fisiólogo ruso Iván Petróvich Paulov (1849-1936) pasó a la historia por formular una ley, la del reflejo condicionado, que -dicho en dos palabras- sostenía que los seres vivos tienen respuestas previsibles frente a estímulos previamente conocidos.
Ayer, tras un largo discurso del candidato Núñez Feijoo a la presidencia de la Xunta, los portavoces del PSdeG y el BNG hicieron honor a las teorías de Paulov y respondieron con un reflejo condicionado (el del opositor frente al Gobierno) a las palabras de quien mañana será elegido presidente de Galicia. El discurso del candidato, vinieron a decir, no solo estuvo huero de todo contenido programático, sino que expresó la ideología derechista -¡autoritaria! llegó a afirmar Carlos Aymerich- de Feijoo.
Tal juicio debió dejar estupefactos a las docenas de miles de gallegos que estuvieran siguiendo en directo el desarrollo de la sesión de investidura. Y es que el candidato planteó ayer su intervención con dos objetivos evidentes: transmitir las líneas maestras de un programa de Gobierno -al que dedicó los dos tercios de la hora y cuarenta minutos que duró su intervención- y mostrar una imagen política que nada tiene que ver con la de la derecha que gobernó la Galicia autonómica durante más de veinte años.
De hecho, Feijoo se presentó ayer como un hombre sin pasado o, para ser más exactos, como alguien cuyo único pasado es el de opositor al bipartito. No reivindicó en ningún momento los años del fraguismo y solo mencionó a Fraga cuando reconoció la labor de todos los políticos que han sido presidentes de la Xunta. Feijoo será el primero de ellos que no tiene nada que ver con el franquismo o con el antifranquismo y ayer intentó dejar clara constancia -no por implícita menos evidente- de una realidad generacional que el propio Feijoo considera con seguridad una ventaja.
Pero Núñez Feijoo no quiso dejar escapar tampoco la oportunidad de subirse a un caballo -el de la regeneración democrática- que el bipartito fue incapaz de controlar y que acabó por echar al PSdeG y al BNG de bruces contra el suelo. Toda la primera parte del discurso de investidura -sin duda, la mejor- se centró precisamente en proclamar cinco compromisos, que eran el reverso de otros tantos vicios de la forma de actuar del bipartito y que podrían resumirse en la idea de gobernar para todos y con todos.
Feijoo abrió su discurso proclamando una idea democrática central: la de la pluralidad de nuestro pueblo. También la de su pluralidad lingüística. Fue una pena, por eso, que desaprovechara la ocasión de pronunciar una parte de su discurso en castellano para confirmar plenamente, de ese modo, que con él comienza una nueva etapa en la historia autonómica gallega.
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