El papanatismo periodístico con el que se ha acogido el éxito del programa Tengo una pregunta para usted de TVE es inquietante, porque revela que los propios periodistas empezamos a desconocer los límites de nuestro oficio y del compromiso que conlleva. Se ha visto en el último programa con el presidente Zapatero y se volverá a ver en el próximo con Mariano Rajoy. Lo que sucede es tan solo un espectáculo menor que le sirve al protagonista de turno para vender su mercancía política y soltarnos los rollos -como ha hecho Zapatero- que más convienen a sus estrategias propagandísticas. Nada que ver, pues, con el auténtico periodismo. Y hay que repetirlo cuantas veces sea menester, antes de que la confusión aumente y creamos que el circo es la realidad.
No tengo nada contra el espectáculo en sí, siempre que su nombre no induzca a error. Tengo una pregunta para usted es un título sencillo, directo, eficaz, pero equívoco, porque las preguntas no son más que las legítimas ocurrencias de unos ciudadanos elegidos al azar. ¿Criterio periodístico? Esencialmente ninguno, aparte de ser una burda imitación; sin embargo, al día siguiente se habla de lo que allí ocurrió como si se hubiese tratado de una entrevista periodística. Así se alimenta la confusión. Y los propios medios de comunicación, en vez de hablar de un espectáculo más o menos brillante, original o entretenido, hablan de un programa informativo, para colmo dirigido por el presentador de un telediario nacional. De este modo, la apariencia se reviste de realidad y el ambiguo juego de la promiscuidad de géneros sigue y se afianza.
Insisto en que no tengo nada contra ese exitoso espectáculo. Pero, si hablamos de periodismo, el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición deberían comparecer ante directores de medios independientes -que los hay en toda España, y La Voz de Galicia es un buen ejemplo de ellos- para responder a preguntas que de verdad tengan rango periodístico-informativo. Esto sí que nos permitiría asistir a unos debates que engrandecerían el periodismo y la política. Lo demás pertenece a lo que Giovanni Sartori llamó con acierto «la Disneylandia de las noticias». Es decir, el entretenimiento.
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