Dicen los ingleses que nadie en su sano juicio cambia de caballo en mitad de una carrera, dado el evidente peligro de romperse la crisma en una probabilísima caída. ¿Por qué, pues, desoyendo tan sabia advertencia, ha saltado el PSdeG en el ecuador de la campaña electoral del brioso corcel del «Goberno de progreso» al manso jamelgo de la «ampla maioría»? ¿Por qué afirma ahora el candidato socialista que las lenguas no deben imponerse después de acusarnos de ser enemigos del gallego y de Galicia a los que, criticando su política lingüística, venimos diciendo lo mismo desde hace varios años? ¿Cómo se ha obrado tal milagro?
No le den ustedes vueltas: son las encuestas. Sí, ha sido la dura realidad de unos sondeos en los que los socialistas aparecen estancados en su resultado electoral del 2005 la que los ha llevado a tratar de acercarse al electorado moderado mediante un lavado de cara que pretende que aquel se olvide de cómo y con quién ha gobernado el PSdeG durante los cuatro últimos años.
¿El objetivo del tuneado? Es evidente: presentar la candidatura de Touriño como algo diferente a lo que es en realidad: la de un partido que concurre en una coalición de hecho con los nacionalistas y con la única intención de evitar que el PP alcance los 38 diputados que le permitirían gobernar.
Nadie duda, por supuesto, de que los partidos están en su derecho de ir adaptando sus campañas en función, entre otras variables, de las encuestas de opinión. Es práctica común, sin distinción de lugar o ideología, y por tanto sería injusto criticar a los socialistas por sumarse a lo que hace todo el mundo.
Ocurre, sin embargo, que esos cambios de estrategia deben respetar un único principio: el de no engañar al cuerpo electoral. Y eso precisamente y no otra cosa, es lo que pretende, tras su giro sorprendente, la campaña socialista.
¿Tiene alguna posibilidad Touriño de ser presidente de la Xunta sin formar con el BNG otro Gobierno bipartito? Ni la más mínima. ¿Gozará Touriño en el futuro, si mantiene la presidencia, de más margen de maniobra en la política lingüística? Todo hace pensar que ocurrirá justamente lo contrario y que, tras el primer asalto, sus socios defenderán, con toda lógica, dar otro paso adelante en una política en la que creen de verdad y que Touriño no estará en condiciones de parar.
Quizá los responsables de la campaña socialista confíen, pese a todo, en que la escasa memoria del cuerpo electoral juegue a su favor. Pero no es probable que eso ocurra: han sido cuatro años en una clara dirección que ha dejado huellas tan palpables en el ánimo de todos que no le será fácil ahora a Touriño esconderse en la niebla de unas palabras que los hechos desdicen de forma radical.
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