Como un híbrido de, al menos, siete nacionalidades históricas españolas, me intriga lo que es nacionalismo. Puede responder a muchas cosas: habitar un lugar mucho tiempo o toda una vida, una larga lista de progenitores nacidos en el mismo sitio, hablar un idioma concreto, identificarse con un paisaje, un pasaporte, una historia (real o imaginaria), unas creencias o unos sentimientos.
Todas estas referencias cambian con el tiempo: la lengua de Galicia varió desde la época prerromana hasta el gallego hablado durante siglos y ahora con la influencia del español. El paisaje también ha cambiado; el mar inundó las rías y las desecó treinta veces en los últimos 2,5 millones de años y el hombre modifica el paisaje construyendo poblaciones, puentes, puertos, parques de acuicultura, carreteras y canteras de pizarras o granito que transforman montañas boscosas en escombreras.
En cuanto a la raza podemos indagar nuestros orígenes hasta el límite de la memoria escrita: unos siglos. Genetistas y paleontólogos lo prolongan millones de años, aunque de forma desnacionalizada ( Homo senso lato). La especie humana es frágil ante el hambre, la sequía, el frío o los calores, en síntesis, el clima, y se ha visto forzada a moverse. Y las migraciones mezclaron pueblos y razas. Nada más desconcertante que un nacionalista norteamericano (Obama), peruano (Fujimori), australiano (Russell Crowe), con su lista de apellidos foráneos y todas las variantes en color de piel, diseño de ojos, nariz y boca, emocionados ante su bandera, lengua, himno y nación. Todos los asentados en Galicia, sus hijos, nietos, etcétera, pronto o tarde se volvieron gallegos. Después de cada invasión: iberos, celtas, romanos, árabes, visigodos, maragatos, catalanes, etcétera, los alien se nacionalizaron, a veces imponiendo su lengua.
Un solo argumento define el nacionalismo: el territorio geológico, lo único que permanece siempre en su sitio. Territorio geológico que justifica que los españoles de las autonomías ganen o pierdan diferentes derechos y obligaciones. Y no por dónde nacieron ni de quién proceden sino por donde ahora pacen.
La historia de Galicia escrita en las rocas sostiene a los seres vivos, les imprime carácter y los transforma en gallegos. No podemos perder la base de nuestra nacionalidad. Cada hito geológico destruido acaba con parte de nuestra historia, anterior incluso al hombre. Lo demás puede ser cambiado, incluso destruido, sin que nada cambie.
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