Al director de cine Danny Boyle le daban por desaparecido desde que nos metió en vena el lado duro de las drogas en Escocia, con Trainspotting , en el 96. Pero Boyle es un superviviente y ha visto la luz, de nuevo, desde el sitio más inesperado: la India. El es el director de Slumdog Millionaire , una película que va a por todas en los Oscar y que ha sorprendido a crítica y público desde que Toronto la bendijo. La historia está basada en la vida de un chaval de la calle que participa en el concurso televisivo ¿Quiere ser millonario? No les desvelo más del argumento. Solo les diré que la infancia de esos chavales - slumdog se podría traducir como perro de las chabolas- está contada como si fuese el mismísimo Dickens el que escribiese el guión. Todos los colores de esa paleta infinita que es la India están ahí. La trama te ata a la pantalla. Es como si la película estuviese escrita contra el reloj de las preguntas del concurso. Y cada respuesta tiene su historia y es un arponazo al corazón. Los actores indios están increíbles y resulta difícil de explicar la belleza de la chica protagonista, Freida Pinto, por la que Jamal, el huérfano que participa en el concurso de la tele, suspira. Cada vez que sale un plano de ella, la luz se detiene en su rostro. Slumdog Millionaire es el amor por encima de todas las cosas, en lo bueno y en lo malo, con el estómago lleno, con el estómago vacío o sin estómago.
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