Voy a repetir dos sentencias que he escrito en numerosas ocasiones. Lo voy a hacer hoy, precisamente, día en que la Junta Electoral decide si declara válidos los votos de la emigración sin copia de pasaporte o DNI. Las dos sentencias que asumo plenamente son: 1, el voto emigrante es una solemne estafa; 2, los que permiten que la situación no mude con sus sucesivos Gobiernos nos engañan, nos toman por tontos, nos humillan y vulneran el espíritu de la democracia. Sé que la argumentación final de esta columna no resultará correcta desde el punto de vista político, pero uno hace tiempo que no procura el aplauso de los políticos: he dejado de creer en casi todos. Mi argumentación final es: si en ocasiones votan los muertos (se ha comprobado), si hay quien vota por cuarenta (se ha comprobado), si los partidos tienen agentes que actúan como auténticos caciques «bananeros» manipulando votos en el exterior (se ha comprobado), por qué continuamos permitiendo esta farsa. La permitimos porque el voto emigrante es voto al poder, antes al Partido Popular y ahora a los socialistas. Estos últimos pretenden que voten hasta sin carné. Votan también sin pagar impuestos. Votan los que nunca han venido ni vendrán. Votan y pueden decidir su vida, ciudadano. Como he dicho, hace años que no soy un tipo políticamente correcto. Por lo tanto, como colofón a esta columna escribo lo que muchos de ustedes sin duda piensan: que no voten, y punto. Y reitero: el voto de la emigración es una solemne estafa consentida, antes por el PP y ahora por el PSOE. ¡Qué vergüenza!
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