Hay dos fechas que no podrá olvidar jamás Chus Lago y, con ella, Galicia. El 26 de mayo del 99, cuando se convirtió en la primera española y tercera mujer del mundo en subir el Everest sin la ayuda de oxígeno artificial. Y el 8 de enero del 2009, cuando pisó el Polo Sur como la primera española que lo hacía. Dos hitos de una mujer récord, a la que su padre introdujo en el alpinismo con once años. Chus Lago es la mejor prueba de que el adjetivo vigoroso viene de Vigo. Si al Everest llegó solo con un termo de café con leche y con un valor extraordinario, al Polo Sur lo hizo tras recorrer 1.200 kilómetros en 59 días. Fueron 59 días de soledad en medio de un desierto helado en el que no se pone el sol. La chica arrastraba 130 kilos de peso en un trineo bajo temperaturas de cincuenta grados bajo cero y vientos de 150 kilómetros por hora, unas condiciones que hacen que el temporal de Madrid parezca un día de verano. Algo al alcance de muy pocos. Su familia dice que está hecha un suspiro, pero feliz. Cuando una californiana la reconoció entre la ventisca le gritó «loca, loca, loca». Una loca prodigiosa que enaltece a los gallegos y que nació el día de Navidad del 64. Una cosecha increíble para una chica que debió de caer en la poción mágica del coraje y que, en los peores momentos de angustia de su proeza, pensó en una doméstica tortilla de patatas. Perdonen la expresión, pero los huevos los pone ella.
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